El arte contemporáneo cubano enfrenta un año complejo en 2025, luchando por mantener su lugar en el panorama global mientras lidia con restricciones internas, una crisis económica abrumadora y un éxodo masivo de talentos que pone en riesgo el futuro de la escena artística local. Aunque eventos como la XV Bienal de La Habana, clausurada el 28 de febrero, buscan proyectar una imagen de dinamismo cultural, diversas voces dentro y fuera de la isla señalan un sistema que limita la libertad creativa y prioriza una narrativa oficial sobre las experiencias reales de los artistas.
La XV Bienal de La Habana: Arte Bajo Filtros Oficiales
La XV Bienal de La Habana, celebrada bajo el lema «Construyendo mundos posibles», reunió a cientos de artistas cubanos y extranjeros en un intento de destacar la creatividad de la isla. Sin embargo, el evento no estuvo exento de controversia. Según fuentes cercanas a la organización –que pidieron anonimato por temor a represalias–, el Ministerio de Cultura supervisó de cerca la selección de obras, dejando fuera propuestas que tocaran temas sensibles como las dificultades sociales o las políticas gubernamentales.
Artistas críticos, como Luis Manuel Otero Alcántara, integrante del Movimiento San Isidro y actualmente encarcelado, no fueron incluidos en la muestra. Su situación, seguida por organizaciones como Amnistía Internacional, resalta las tensiones entre la expresión artística y las restricciones oficiales. En contraposición, obras como las de Wilfredo Prieto, aunque elogiadas por su estética, fueron cuestionadas por algunos como demasiado «neutrales», diseñadas para atraer a curadores internacionales sin desafiar los límites impuestos localmente.
El traslado de exposiciones a barrios populares, presentado como un esfuerzo inclusivo, también generó escepticismo. «Parece más una puesta en escena», comentó un artista joven de La Habana en una conversación telefónica. «Llevan el arte a las calles para mostrarlo al mundo, pero la gente está más enfocada en sobrevivir que en apreciarlo». Con una inflación que supera el 200% y un salario promedio que ronda los 20 dólares mensuales, según cálculos extraoficiales, el arte queda relegado a un segundo plano para muchos cubanos.
El Éxodo de Talentos y los Límites de la Creación
El 2025 ha evidenciado un aumento en la emigración de artistas cubanos, un fenómeno que debilita la escena local. Figuras como Glenda León y José Manuel Mesías, antes fundamentales en el arte de la isla, han optado por establecerse en ciudades como Miami, Madrid o Ciudad de México, donde encuentran más libertad y oportunidades. «Aquí faltan materiales, apoyo y espacio para expresarse sin filtros», confesó un pintor joven que planea irse pronto.
La escasez de recursos agrava la situación. La falta de lienzos, pinturas y tecnología –resultado tanto de limitaciones externas como de problemas internos– obliga a los artistas a improvisar con materiales reciclados o a abandonar proyectos más complejos. Aunque el acceso a internet ha mejorado desde 2018, sigue siendo costoso y limitado, dificultando la conexión con tendencias globales y mercados digitales.
Espacios Alternativos: Entre la Esperanza y la Incertidumbre
Pese a estos retos, algunos creadores buscan salidas en espacios independientes. El hotel Tribe Caribe Cayo Hueso, abierto el 6 de marzo en La Habana, se ha presentado como un nuevo punto cultural, mostrando obras de artistas cubanos y caribeños. Sin embargo, su enfoque comercial y su vínculo con inversionistas extranjeros han suscitado críticas. «Está pensado para visitantes con divisas, no para los cubanos comunes», opinó un observador local. Además, su relación con instituciones oficiales genera dudas sobre su independencia.
Otros espacios, como talleres autogestionados en zonas como Centro Habana, ofrecen un respiro para la experimentación, pero operan en un marco legal incierto. El Decreto 349, que desde 2018 regula las actividades culturales y exige permisos oficiales, sigue vigente, y aunque su aplicación varía, la posibilidad de sanciones o cierres sigue latente. «Trabajamos con discreción porque no hay alternativa», explicó un escultor que organiza muestras informales.
El Mercado del Arte: Un Horizonte Lejano
El mercado del arte en Cuba continúa estancado. Aunque artistas establecidos como KCHO y Michel Mirabal logran ventas internacionales, la mayoría de los creadores locales carecen de acceso a galerías globales o coleccionistas. La falta de políticas claras para la exportación de obras y la burocracia desincentivan el desarrollo de un sector que podría aliviar las dificultades económicas. En eventos como Art Basel Miami, los artistas cubanos en el exilio predominan, mientras los que permanecen en la isla luchan por visibilidad.
Una Crítica Ahogada
La crítica al arte contemporáneo cubano desde dentro enfrenta barreras. Publicaciones oficiales como Artecubano tienden a evitar temas estructurales, y los pocos críticos independientes se ven presionados a suavizar sus posturas. En plataformas como X, artistas y activistas en el exterior han sido más directos, denunciando las limitaciones impuestas. Un usuario, @CubanArtNow, escribió recientemente: «El arte en Cuba está atrapado: o te adaptas al guion o te invisibilizan».
Un Camino en Suspenso
El arte contemporáneo cubano en 2025 encarna las paradojas de la isla: talento y resistencia conviven con frustración y restricciones en un contexto que lo promociona oficialmente pero lo limita en la práctica. Mientras las autoridades destacan la cultura como un logro nacional, los artistas enfrentan dilemas diarios: ajustarse a las expectativas, buscar oportunidades fuera o persistir en una lucha silenciosa por su voz. En un país donde las prioridades básicas eclipsan las aspiraciones creativas, el «mundo posible» de la Bienal parece más una promesa distante que una realidad cercana. Como reza un grafiti anónimo en una esquina de La Habana Vieja: «El arte vive, pero aquí respira con dificultad».