El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, insinuó este viernes ante la prensa la posibilidad de una “toma amistosa” de Cuba, una expresión que ha generado inmediato debate diplomático y político sobre el futuro de las relaciones entre Washington y La Habana.
“Quizás tengamos una toma amistosa de Cuba. Podríamos muy bien terminar teniendo una toma amistosa de Cuba”, declaró el mandatario. Añadió además que la situación económica del Gobierno cubano es frágil: “No tienen dinero, no tienen nada ahora mismo”.
Las declaraciones se producen en un contexto marcado por sanciones económicas, presiones diplomáticas y una profunda crisis interna en la isla, con escasez de divisas, deterioro energético y creciente malestar social. Aunque Trump no detalló qué implicaría concretamente una “toma amistosa”, la frase ha sido interpretada por analistas como una señal de presión estratégica más que como un anuncio formal de política exterior.
Desde el punto de vista jurídico y político, cualquier intento de intervención directa en otro Estado soberano estaría limitado por el derecho internacional y por la propia legislación estadounidense. Sin embargo, la retórica política suele utilizar fórmulas ambiguas para enviar mensajes tanto a adversarios como a aliados.
Expertos consultados señalan que el término “amistosa” podría aludir a un escenario de transición pactada, negociación indirecta o presión económica destinada a forzar cambios internos sin intervención militar. No obstante, hasta el momento no existe ningún anuncio oficial de medidas concretas que respalden esa expresión.
En La Habana no se ha emitido una respuesta formal inmediata a las declaraciones. Tradicionalmente, el gobierno cubano ha reaccionado con firmeza ante cualquier insinuación de injerencia externa, invocando el principio de soberanía nacional.
El comentario de Trump introduce un nuevo elemento de incertidumbre en una relación históricamente volátil. Si bien podría tratarse de retórica política dirigida a su base electoral o a sectores del exilio cubano, también refleja el momento delicado que atraviesa la isla desde el punto de vista económico y estructural.
Por ahora, la frase queda en el terreno de la especulación política. La evolución de la postura oficial de Washington en los próximos días permitirá determinar si se trató de una declaración coyuntural o del preludio de una estrategia más definida hacia Cuba.
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