Trump endurece discurso migratorio, desafía a la Corte Suprema y promete más aranceles

WASHINGTON — El presidente Donald Trump pronunció el primer discurso sobre el Estado de la Unión de su segundo mandato, en una intervención de casi una hora y 47 minutos en el Capitolio, marcada por la confrontación política, la defensa de los aranceles, un nuevo impulso contra la inmigración irregular y fuertes críticas a los demócratas, en un momento de desgaste político y cuestionamientos económicos.

El discurso se produjo días después de que la Corte Suprema de Estados Unidos anulara sus aranceles globales emblemáticos, y en medio de tensiones internacionales relacionadas con Irán. Trump optó por no profundizar en su ataque previo al máximo tribunal, pero dejó claro que no considera necesario que el Congreso legisle para respaldar formalmente sus medidas arancelarias, pese a que la Constitución otorga al poder legislativo la facultad de imponerlos.

El mandatario sostuvo que los aranceles pagados por países extranjeros podrían reemplazar “sustancialmente” el sistema moderno del impuesto sobre la renta, una afirmación ambiciosa que economistas consideran altamente improbable en el contexto actual. Aseguró, además, que los países afectados mantienen los acuerdos vigentes y están satisfechos con la política comercial estadounidense.

Uno de los ejes centrales fue la inmigración. Trump volvió a recurrir a un tono combativo, señalando a los demócratas como responsables de una “invasión fronteriza” y presentando casos de víctimas de delitos cometidos por inmigrantes indocumentados. Incluso instó públicamente a los legisladores demócratas a ponerse de pie si apoyaban la idea de que el primer deber del Gobierno es proteger a los ciudadanos estadounidenses, un gesto que profundizó la división partidista en la Cámara.

El presidente afirmó que Estados Unidos tiene “la frontera más segura y fuerte de la historia”, pese a que los datos muestran que los cruces ya habían disminuido considerablemente al final del mandato de Joe Biden. Las protestas no tardaron: las congresistas Ilhan Omar y Rashida Tlaib interrumpieron el discurso, mientras otros legisladores demócratas abandonaron la sala o mostraron carteles críticos.

En el plano económico, Trump insistió en que heredó una inflación “en niveles récord” y que su administración ha logrado revertirla, describiendo la economía como una “edad dorada”. Sin embargo, aunque la inflación ha mostrado moderación reciente, los niveles actuales están lejos de máximos históricos y las encuestas reflejan preocupación persistente por el costo de vida. También afirmó que la gasolina se vende por debajo de US$ 2,30 en algunos estados, algo que no coincide con los promedios nacionales reportados.

El presidente defendió su estrategia energética y empresarial, sugiriendo que grandes corporaciones construyan sus propias plantas de generación eléctrica para reducir presión sobre la red pública. Además, criticó la compra masiva de viviendas por parte de empresas e inversionistas institucionales, argumentando que encarecen el acceso a la propiedad para las familias estadounidenses.

En política exterior, Trump abordó la posibilidad de nuevos ataques contra Irán, pese a haber declarado meses atrás que su programa nuclear había sido “arrasado”. Afirmó que no permitirá que el país persa obtenga un arma nuclear, aunque reiteró que preferiría alcanzar un acuerdo diplomático.

También dedicó parte significativa del discurso a homenajes y reconocimientos, incluyendo medallas militares y menciones a figuras deportivas, en una puesta en escena que subrayó su estilo político personalista y teatral.

Uno de los momentos más controversiales fue cuando insinuó la posibilidad de buscar un tercer mandato, pese a la limitación constitucional vigente. Asimismo, volvió a insistir en que los demócratas solo pueden ganar elecciones “haciendo trampa”, sin presentar evidencia de fraude generalizado, lo que reaviva tensiones institucionales de cara a las elecciones intermedias de 2026.

El discurso confirma una estrategia centrada en polarización, nacionalismo económico y confrontación partidista. Aunque Trump proyecta fortaleza y optimismo, su situación política atraviesa uno de los momentos más complejos de sus mandatos, con desafíos legales, económicos y electorales aún abiertos.

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