Trump defiende aranceles y pide tercer mandato en su primer Estado de la Unión

WASHINGTON — En su primer discurso sobre el Estado de la Unión tras regresar a la Casa Blanca, el presidente Donald Trump defendió su agenda económica, arremetió contra la Corte Suprema por su decisión sobre los aranceles, reiteró su intención de desmantelar el Obamacare y sorprendió al sugerir la posibilidad de un tercer mandato, mientras aseguró que la inflación ha bajado y que la economía “va mejor que nunca”.

Durante más de una hora ante el Congreso, Trump delineó lo que describió como una “nueva etapa de prosperidad estadounidense”, centrada en el nacionalismo económico, el endurecimiento migratorio y la reforma del sistema de salud. El mandatario insistió en que su objetivo es “acabar con el Obamacare” —en referencia a la Ley de Cuidado de Salud Asequible impulsada durante la presidencia de Barack Obama— para que, según afirmó, “el dinero vuelva directamente a la gente y no a las aseguradoras”.

El presidente no ofreció detalles técnicos sobre el mecanismo que reemplazaría el actual sistema, aunque reiteró que busca un modelo “más barato, más simple y más americano”. Analistas en Washington señalan que cualquier intento de desmantelar completamente la ley enfrentaría obstáculos legislativos significativos.

En el terreno comercial, Trump defendió su política arancelaria y criticó abiertamente una reciente decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos que limitó ciertos alcances ejecutivos en materia de tarifas. El mandatario sostuvo que los países afectados “mantendrán el acuerdo actual” y aseguró que “están felices porque saben que Estados Unidos ahora negocia desde la fuerza”. No presentó evidencia concreta de esas afirmaciones, y varios gobiernos extranjeros no han confirmado públicamente ese optimismo.

En uno de los momentos más polémicos del discurso, Trump responsabilizó a los demócratas por la crisis económica y por el aumento de la migración irregular. El presidente endureció su retórica, describiendo la inmigración como una amenaza directa a la seguridad y al empleo de los estadounidenses, un tono que fue celebrado por legisladores republicanos pero criticado por sectores demócratas y organizaciones de derechos civiles.

Además, Trump aprovechó el escenario para promover lo que denominó la “Trump Account”, una cuenta de ahorro que, según explicó, estaría destinada a fortalecer la capacidad financiera de las familias estadounidenses. Aunque presentó la iniciativa como una herramienta de empoderamiento económico, aún no se conocen detalles legislativos ni regulatorios sobre su implementación.

Otro punto destacado fue su llamado a que grandes empresas construyan sus propias plantas eléctricas para generar su energía, una propuesta que, según explicó, busca reducir la presión sobre la red pública, mejorar la competitividad industrial y acelerar la independencia energética empresarial.

Asimismo, el presidente criticó la compra masiva de viviendas por parte de corporaciones e inversionistas institucionales, señalando que esta práctica encarece el acceso a la vivienda para las familias estadounidenses. Indicó que su administración estudia medidas para limitar ese fenómeno, aunque no presentó propuestas específicas.

El mandatario también afirmó que su administración ha logrado reducir la inflación y que la economía “está en auge”. Sin embargo, diversas encuestas recientes muestran que una parte significativa de la población no percibe esa mejora con la misma intensidad que la Casa Blanca describe. Expertos señalan que, aunque algunos indicadores macroeconómicos han mostrado estabilización, el costo de vida y los precios de bienes esenciales continúan siendo una preocupación para millones de hogares.

En un comentario que generó reacciones inmediatas, Trump insinuó la posibilidad de buscar un tercer mandato, pese a que la Constitución estadounidense limita a dos períodos presidenciales consecutivos o no consecutivos. No aclaró si se trató de una expresión retórica o de una propuesta política concreta.

El discurso confirmó que la administración continuará apostando por una agenda confrontativa tanto en el plano interno como en el internacional, reforzando la narrativa de que el país atraviesa un proceso de “recuperación histórica” bajo su liderazgo. No obstante, la reacción pública y política sugiere que el consenso sobre esa evaluación está lejos de ser unánime.

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