Asociaciones independientes de EE.UU. preparan demandas contra propietarios de Airbnb en Cuba por alquilar propiedades confiscadas

Un grupo de asociaciones independientes en Estados Unidos, compuesto por exiliados cubanos y descendientes de propietarios cuyas propiedades fueron confiscadas tras la Revolución de 1959, ha iniciado los preparativos para una ofensiva legal contra ciudadanos en Cuba que arriendan inmuebles a través de la plataforma Airbnb. Las acciones, que podrían derivar en demandas multimillonarias, se basan en el Título III de la Ley Helms-Burton, activado en 2019 por la administración Trump, que permite a ciudadanos estadounidenses demandar a quienes se beneficien económicamente de propiedades expropiadas sin compensación.

Entre las organizaciones que impulsan estas iniciativas se encuentra la Asociación Nacional de Hacendados de Cuba, una entidad que desde hace años se dedica a identificar propiedades confiscadas y a reunir documentación para futuras demandas. Según sus portavoces, numerosos anfitriones de Airbnb en ciudades como La Habana, Varadero y Trinidad están generando ingresos con propiedades que fueron arrebatadas a familias cubanoamericanas sin indemnización por parte del Estado cubano.

Uno de los casos emblemáticos es el de Javier García-Bengochea, neurocirujano de Jacksonville, quien en 2024 presentó una demanda contra Airbnb por permitir el alquiler de un edificio en el barrio habanero de Marianao que, según documentación oficial, pertenecía a su familia. La propiedad fue valorada en más de 547,000 dólares en 1970 por la Comisión de Reclamaciones del Departamento de Justicia de EE.UU.

Los demandantes argumentan que Airbnb estaría «traficando» con propiedades confiscadas, un término legal utilizado por la ley Helms-Burton para describir el beneficio económico derivado de inmuebles expropiados. La legislación permite a los reclamantes solicitar el valor actualizado de la propiedad, así como una compensación por los ingresos generados por su uso, lo que podría representar un golpe financiero considerable tanto para la plataforma como para los arrendadores en la isla.

En respuesta a la creciente presión legal, Airbnb ya ha tomado algunas medidas. En 2025, la compañía anunció la suspensión de pagos a anfitriones cubanos con cuentas bancarias locales, una decisión que ha generado incertidumbre y descontento entre los usuarios de la isla. Previamente, en 2022, la empresa ya había enfrentado sanciones, pagando una multa de más de 91,000 dólares al Departamento del Tesoro de EE.UU. por violaciones relacionadas con el embargo.

El gobierno cubano, por su parte, ha desestimado la legitimidad de estas demandas, calificándolas como “chantaje político” y rechazando la jurisdicción de los tribunales estadounidenses. Alega además que los ciudadanos cubanos que arriendan sus propiedades lo hacen conforme a la legalidad vigente en la isla, ya sea por herencia o por compra legítima posterior a la expropiación.

División de opiniones en la comunidad y en redes sociales
El conflicto ha provocado reacciones encontradas tanto en medios de comunicación como en redes sociales. En la comunidad cubanoamericana en Florida, las demandas han sido ampliamente respaldadas, vistas como una vía para hacer justicia por las confiscaciones sufridas. Activistas como García-Bengochea han sido elogiados por su perseverancia, y en plataformas como X, cuentas como @negrin_cuba celebran la presión legal sobre Airbnb y la describen como una estrategia legítima para debilitar al régimen cubano.

Organizaciones como la Asociación Nacional de Hacendados de Cuba también han sido destacadas en medios como El Nuevo Herald, por su labor de documentación y movilización legal.

En contraste, desde Cuba y sectores críticos del embargo, las demandas son vistas como una ofensiva que castiga al ciudadano común y obstaculiza el emprendimiento privado. Publicaciones como la de @eltoquecom denuncian el impacto que la suspensión de pagos de Airbnb tiene sobre pequeños propietarios cubanos, muchos de los cuales no estaban al tanto de los reclamos legales sobre los inmuebles que hoy ocupan o alquilan.

Expertos jurídicos consultados por medios como BBC Mundo advierten que estos procesos son complejos, costosos y de incierta resolución. La dificultad de probar la titularidad legítima después de más de seis décadas, sumado a tarifas de presentación superiores a los 6,500 dólares por caso, podría limitar el alcance real de esta ofensiva legal.

Implicaciones para el turismo y la economía cubana
Más allá del plano jurídico, el conflicto podría tener repercusiones directas sobre el ya debilitado sector turístico cubano. En lo que va de 2025, la llegada de visitantes extranjeros ha caído un 29.7 % en comparación con el año anterior, y la retirada parcial de Airbnb complica aún más el panorama. La cancelación de “Experiencias” —tours, clases y eventos organizados por locales— ha golpeado especialmente a emprendedores independientes.

Plataformas como CubaenMiami.com han documentado testimonios de cubanos que dependían de Airbnb para generar ingresos en divisa, mientras que otros sectores celebran la medida como parte de una estrategia de “asfixia económica” al régimen.

Las demandas contra propietarios de Airbnb en Cuba reflejan la persistencia de heridas históricas sin cerrar, así como la complejidad de la situación legal, política y económica entre Cuba y Estados Unidos. Mientras asociaciones de exiliados ven en estos procesos un acto de reivindicación histórica y justicia, muchos cubanos en la isla los perciben como una carga adicional en un contexto de crisis económica. La evolución de estos casos podría marcar un nuevo capítulo en el ya tenso vínculo bilateral y redefinir las reglas del juego para plataformas internacionales que operan en escenarios legalmente controvertidos.

Airbnb se repliega en Cuba: restricciones financieras y demandas legales asfixian al turismo privado

La reconocida plataforma de alquiler turístico Airbnb, que durante años permitió a miles de cubanos participar directamente en la industria global del turismo, ha comenzado a disminuir notablemente su presencia en la isla. Aunque la demanda de alojamiento por parte de visitantes internacionales continúa, nuevas exigencias financieras y desafíos legales están complicando el acceso de los anfitriones cubanos al ecosistema digital.

Airbnb ha implementado una política que requiere que los pagos a anfitriones se realicen exclusivamente a través de cuentas bancarias en el extranjero, lo que excluye de facto a muchos usuarios en la isla que no disponen de mecanismos bancarios internacionales. Esta medida ha provocado una reducción considerable de la oferta de alojamientos disponibles, afectando directamente a quienes veían en esta actividad una fuente de ingresos en moneda dura.

En sus mejores momentos, más de mil propiedades en La Habana figuraban en la plataforma, constituyendo una alternativa legítima y sostenible para muchas familias. Hoy, sin embargo, solo quienes tienen vínculos con el exterior o acceso a redes financieras fuera del país logran mantenerse activos. Algunos anfitriones han optado por utilizar intermediarios para sortear las restricciones, aunque estas soluciones suelen implicar riesgos adicionales.

Agencias ubicadas en ciudades como Miami habían desempeñado un papel clave en facilitar el flujo de pagos desde el extranjero hacia los anfitriones cubanos. Sin embargo, los recientes cambios normativos en la política estadounidense y la creciente supervisión sobre este tipo de operaciones han limitado su capacidad de funcionar con normalidad.

En paralelo, la plataforma enfrenta procesos judiciales bajo el amparo de la Ley Helms-Burton. Según el abogado Manuel Vázquez, especializado en litigios vinculados a propiedades con reclamaciones en Estados Unidos, Airbnb está siendo demandada por presuntamente permitir el uso comercial de inmuebles ubicados en terrenos sujetos a reclamaciones legales. Estos casos añaden una carga legal significativa a las ya complejas operaciones de la empresa en la isla.

Airbnb también ha eliminado recientemente de su plataforma las populares “Experiencias” en Cuba, que ofrecían actividades culturales, artísticas o gastronómicas organizadas por locales. Estas iniciativas, que permitían a muchos emprendedores diversificar sus fuentes de ingreso y compartir la riqueza cultural del país con los visitantes, representaban un canal clave de interacción y dinamismo económico.

El escenario que enfrentan los anfitriones cubanos es cada vez más restrictivo. Con canales de pago limitados, presión legal sobre las plataformas tecnológicas y menor visibilidad internacional, muchos optan por el silencio, la reinvención o incluso la migración. Otros buscan alternativas en plataformas emergentes o regresan a modelos más informales de arrendamiento, menos visibles pero más adaptables a las nuevas circunstancias.

Lo que durante años se perfiló como una vía eficaz para vincular al sector privado cubano con el turismo internacional está perdiendo impulso. El retroceso de Airbnb en la isla no solo representa una pérdida económica, sino también el cierre de un espacio de autonomía y emprendimiento para cientos de ciudadanos que, a través de la hospitalidad, buscaban forjar un futuro más sostenible e independiente.