Redacción CubaHerald | Análisis
En un contexto marcado por una profunda crisis política, institucional y de legitimidad internacional, las autoridades de Venezuela difundieron este fin de semana un mensaje dirigido a Estados Unidos y a la comunidad internacional, con el que buscan proyectar una disposición al diálogo y a la convivencia pacífica, en contraste con el clima de tensión que atraviesa el país.
El comunicado, atribuido a Delcy Rodríguez, quien se presenta como presidenta encargada, afirma que Venezuela reafirma su “vocación de paz” y su aspiración a desarrollarse “sin amenazas externas, en un entorno de respeto mutuo y cooperación internacional”. El texto sostiene además que la estabilidad global debe partir de la paz interna de cada nación.
En el mensaje se insiste en la necesidad de avanzar hacia relaciones internacionales equilibradas y respetuosas entre Washington y Caracas, así como con otros países de la región, apelando a principios como la igualdad soberana y la no injerencia en los asuntos internos. Estos conceptos son presentados como ejes de la política exterior venezolana, pese a que el país enfrenta desde hace años cuestionamientos internacionales por su situación interna, incluyendo denuncias sobre derechos humanos, persecución política y deterioro institucional.
El tono del comunicado es marcadamente conciliador. En él se extiende una “invitación sincera” al Gobierno de Donald Trump para trabajar en una agenda de cooperación orientada al desarrollo y a una convivencia “duradera y sostenible”, supuestamente enmarcada en la legalidad internacional.
El texto incluye también un mensaje directo al mandatario estadounidense, señalando que “nuestros pueblos y nuestra región merecen la paz y el diálogo, no la guerra”, y atribuye ese compromiso tanto a Nicolás Maduro como al conjunto de la sociedad venezolana.
Rodríguez concluye con un discurso de carácter aspiracional, en el que afirma haber dedicado su vida a la construcción de una Venezuela convertida en una “gran potencia”, con ciudadanos viviendo en armonía y con pleno derecho a la paz, el desarrollo, la soberanía y un futuro próspero.
Desde una lectura analítica, el mensaje puede interpretarse como un intento de reposicionamiento internacional en un momento especialmente delicado para el poder político en Caracas. Mientras el discurso oficial enfatiza la paz, el diálogo y la legalidad, la realidad interna del país continúa marcada por una grave crisis económica, una migración masiva y una fuerte polarización política, factores que condicionan la credibilidad externa de cualquier iniciativa diplomática.
Para observadores internacionales, el contraste entre el lenguaje del comunicado y los hechos sobre el terreno plantea dudas sobre la viabilidad real de una normalización de relaciones, y refuerza la percepción de que el mensaje busca ganar tiempo y margen político en un escenario de alta presión externa. En última instancia, los gestos diplomáticos serán evaluados por la comunidad internacional a la luz de acciones concretas, más que por declaraciones formales.
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