Más de un año después de la cancelación del programa CBP One, la migración masiva hacia la frontera sur de Estados Unidos ha disminuido considerablemente, pero las obras de ampliación y refuerzo del muro fronterizo continúan avanzando en zonas como El Paso, Texas.
Desde el 20 de enero de 2025, fecha en que finalizó el sistema utilizado para gestionar solicitudes de asilo y citas migratorias, miles de migrantes quedaron sin vías legales inmediatas para ingresar a territorio estadounidense.
La medida provocó una reducción visible en ciudades fronterizas mexicanas como Ciudad Juárez, donde durante meses se habían concentrado grandes campamentos de personas procedentes de Cuba, Venezuela, Haití y otros países de América Latina.
Muchos migrantes optaron por abandonar la frontera y regresar al sur de México o incluso retornar a sus países de origen ante la falta de opciones para continuar el proceso migratorio.
Sin embargo, mientras el flujo migratorio disminuye, las autoridades estadounidenses mantienen el fortalecimiento de las barreras fronterizas conocidas popularmente como el “muro negro”, especialmente en sectores considerados sensibles para cruces irregulares.
Imágenes recientes muestran nuevas estructuras metálicas, refuerzo de puertas de acceso y ampliación de segmentos del muro en áreas cercanas a El Paso.
El endurecimiento de la política migratoria continúa siendo uno de los temas centrales dentro del debate político estadounidense, especialmente de cara al escenario electoral y las discusiones sobre seguridad fronteriza.
Críticos de estas medidas sostienen que el cierre de vías legales y el aumento de restricciones han dejado a miles de migrantes en situación de vulnerabilidad, mientras sectores conservadores defienden el reforzamiento de la frontera como una medida necesaria para controlar el ingreso irregular al país.
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