Un nuevo vuelo de deportación procedente de Estados Unidos arribó este jueves a La Habana con 139 ciudadanos cubanos a bordo, en lo que constituye el undécimo operativo de repatriación ejecutado por Washington en lo que va de 2025. La operación, coordinada bajo los acuerdos migratorios bilaterales, refuerza el patrón ascendente de devoluciones forzosas desde territorio estadounidense.
Según datos oficiales del Ministerio del Interior (MININT), el grupo estuvo compuesto por 109 hombres y 30 mujeres que permanecían en EE. UU. sin estatus legal. A su llegada, los retornados fueron procesados por las autoridades cubanas conforme a los protocolos vigentes. Uno de ellos fue detenido de inmediato por encontrarse bajo libertad condicional al momento de abandonar el país, una medida que suele aplicarse en casos de antecedentes judiciales pendientes.
Con esta operación, asciende a 1.370 el total de ciudadanos devueltos por EE. UU. a Cuba en 2025. Si se incluyen los vuelos provenientes de países como México, Bahamas y otros puntos de tránsito, la cifra se eleva a 1.535 personas repatriadas en 52 vuelos.
La repatriación ocurre en medio de una política migratoria cada vez más estricta por parte de la administración de Donald Trump. En su segundo mandato, el gobierno estadounidense ha ampliado los mecanismos de deportación acelerada, fortalecido la infraestructura del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), y limitado el acceso a programas de alivio migratorio, incluso para personas sin historial delictivo.
El operativo más masivo del año se produjo a inicios de noviembre, cuando 232 cubanos fueron retornados en un solo vuelo, marcando un récord desde la reanudación de las deportaciones en 2023. Este enfoque busca desalentar los cruces irregulares por la frontera sur, y reducir el número de solicitantes de asilo y migrantes económicos que llegan a territorio estadounidense.
Los acuerdos migratorios que sustentan estas devoluciones datan de la década de los noventa y fueron actualizados en los años siguientes. Estados Unidos se compromete a devolver a los migrantes cubanos interceptados en situación irregular, mientras que Cuba acepta a aquellos que hayan salido después de 2017 y no tengan causas penales pendientes. Sin embargo, persisten tensiones en torno a casos de personas con antecedentes previos a esa fecha, cuya deportación no siempre es aceptada por La Habana.
Mientras tanto, las causas estructurales que impulsan la migración desde Cuba —como la precariedad económica, los bajos salarios, la escasez de productos básicos y la falta de libertades— continúan incentivando la salida de miles de ciudadanos que se exponen a rutas peligrosas por mar o tierra.
El gobierno cubano insiste en desalentar estas salidas ilegales, advirtiendo sobre los riesgos de naufragios, trata de personas y violencia en los corredores migratorios. No obstante, los caminos legales como el parole humanitario, la reunificación familiar o las solicitudes de visado presentan trabas significativas, desde largos tiempos de espera hasta costos difíciles de asumir para la mayoría de los solicitantes.
Este repunte en los vuelos de repatriación no es exclusivo de Cuba. En lo que va de año, Estados Unidos ha incrementado también las deportaciones hacia países como Haití, Nicaragua, Venezuela y Colombia. México, por su parte, ha intensificado su colaboración con Washington para frenar caravanas migrantes en tránsito hacia el norte, lo que ha incrementado también las devoluciones desde territorio mexicano.
Todo indica que las deportaciones podrían aumentar en lo que resta del año, a medida que Washington busca cumplir sus objetivos migratorios internos. Cuba, por su parte, sigue coordinando retornos y gestionando la recepción de sus ciudadanos retornados, en un ciclo que parece no tener fin mientras las condiciones internas continúen deteriorándose.
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