El presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez reaccionó públicamente a la captura de Nicolás Maduro, atribuyendo los hechos a una acción militar de Estados Unidos contra Venezuela, en un mensaje difundido en redes sociales que coincidió con un ambiente de tensión perceptible en La Habana.
En su publicación, Díaz-Canel denunció lo que calificó como un “criminal ataque” de Estados Unidos contra Venezuela y reclamó una reacción urgente de la comunidad internacional. El mandatario sostuvo que la operación vulnera la denominada Zona de Paz de América Latina y el Caribe y la describió como “terrorismo de Estado” contra el pueblo venezolano y “Nuestra América”.
En contraste, sectores del exilio cubano reaccionaron con celebraciones públicas en ciudades de Estados Unidos y otros países, interpretando la captura de Maduro como un golpe decisivo al eje político Caracas–La Habana. En redes sociales y concentraciones espontáneas, algunos manifestantes lanzaron consignas y mensajes en los que aseguran que “La Habana será la próxima”, una expresión que refleja tanto expectativas de cambio como un discurso de presión política hacia el gobierno cubano.
Estas manifestaciones, ampliamente difundidas en plataformas digitales, subrayan la polarización que atraviesa a la comunidad cubana dentro y fuera de la Isla. Mientras en Cuba el mensaje oficial cerró filas con Caracas y apeló a la soberanía regional, en el exterior predominó una lectura de fin de ciclo para los gobiernos aliados de Venezuela.
En la capital cubana, observadores describen un clima de cautela y expectación, con atención al desarrollo de los acontecimientos y a sus posibles consecuencias diplomáticas y económicas. Analistas advierten que, más allá de la retórica, la situación abre un escenario incierto para la región, en el que confluyen celebraciones del exilio, denuncias oficiales y un reacomodo geopolítico aún por definirse.
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