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Díaz-Canel admite que también sufre apagones, pero evita detallar cómo vive la crisis energética en Cuba

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel aseguró que los apagones también afectan su vida cotidiana, aunque evitó precisar en qué condiciones los enfrenta, durante una extensa entrevista concedida a la periodista Mônica Bergamo, del diario brasileño Folha de S.Paulo. La conversación estuvo marcada por preguntas sobre la crisis económica, las protestas, el descontento social y el deterioro del sistema eléctrico cubano.

La entrevista adquirió especial tensión cuando la periodista cuestionó al mandatario sobre las prolongadas interrupciones del servicio eléctrico. Díaz-Canel respondió señalando directamente a las sanciones estadounidenses y llegó a preguntar a su interlocutora si podría vivir con 20 horas diarias de apagón, una realidad que atraviesan numerosas familias cubanas.

Al ser llevado al terreno de cómo esa crisis le afecta personalmente, Díaz-Canel sostuvo que también padece las restricciones, pero su respuesta fue poco concreta y se concentró en describir las limitaciones generales que, según su versión, enfrenta el país. Durante ese intercambio hizo referencia incluso a restricciones sobre el combustible disponible para sus actividades, mencionando una cifra de alrededor de 1.000 litros diarios, un dato que ha llamado particularmente la atención por el contraste con las dificultades que enfrentan ciudadanos, transportistas y servicios esenciales para acceder al combustible.

La referencia resulta especialmente sensible en el contexto actual. Cuba atraviesa una de las peores crisis energéticas de las últimas décadas, con apagones que en numerosos territorios se prolongan durante buena parte del día. El país ha sufrido además varios colapsos completos del Sistema Electroenergético Nacional durante 2026.

Díaz-Canel atribuyó nuevamente la mayor parte de la crisis a la política estadounidense hacia Cuba y aseguró que la falta de combustible está detrás de numerosos problemas que afectan actualmente a la población, entre ellos la electricidad, el suministro de agua, el transporte y otras actividades económicas. También reconoció que existe descontento con el Gobierno, aunque defendió que Cuba continúa “en pie” y rechazó la idea de que el país se encuentre al borde de un cambio de sistema político.

Uno de los momentos más tensos se produjo cuando Bergamo planteó las críticas de ciudadanos que hablan de un supuesto “bloqueo interno”, expresión utilizada para responsabilizar también a la burocracia, las restricciones económicas y las decisiones del propio Gobierno de parte de las dificultades que atraviesa el país.

Díaz-Canel rechazó esa interpretación y volvió a insistir en el peso determinante de las sanciones estadounidenses. En un intercambio particularmente áspero, interrumpió a la periodista para señalar que quien no vive en Cuba no puede comprender plenamente las consecuencias del embargo y cuestionó si los apagones debían atribuirse al socialismo o a la política de Washington.

El mandatario también negó que las reformas económicas impulsadas por La Habana constituyan un giro hacia el capitalismo, pese al crecimiento de la propiedad privada, las pequeñas y medianas empresas y las diferencias de ingresos que se han hecho más visibles durante los últimos años. Según Díaz-Canel, esos cambios forman parte de un proceso que continúa siendo socialista.

Las protestas constituyeron otro de los asuntos abordados. El Gobierno cubano ha relacionado reiteradamente parte de las movilizaciones con acciones promovidas o financiadas desde Estados Unidos y ha defendido la aplicación de la ley cuando las protestas derivan, según las autoridades, en vandalismo o violencia. En marzo, tras manifestaciones motivadas principalmente por los apagones y la escasez de alimentos, Díaz-Canel reconoció que el malestar ciudadano era comprensible, pero advirtió que no habría impunidad para los actos violentos.

La entrevista deja una imagen poco habitual del mandatario enfrentado directamente a preguntas sobre cómo la crisis alcanza a la propia cúpula del poder. Díaz-Canel afirmó compartir las dificultades del país y aseguró que le duele el sufrimiento de la población, pero no detalló hasta qué punto su vida cotidiana está sometida a las mismas restricciones que soportan millones de cubanos.

La mención a una disponibilidad de combustible que rondaría los 1.000 litros diarios, aun presentada dentro de un contexto de restricciones oficiales, inevitablemente abre interrogantes sobre la diferencia entre los recursos disponibles para las estructuras del Estado y los que puede conseguir una familia común en momentos en que conseguir apenas unos litros de gasolina se ha convertido en un problema cotidiano.

Mientras tanto, la realidad energética continúa siendo uno de los principales factores de tensión social en Cuba. Los apagones prolongados afectan la conservación de alimentos, el bombeo de agua, el transporte, las telecomunicaciones y la actividad económica, y han estado en el centro de varias protestas registradas durante 2026.

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