Cuba habla de paz mientras se prepara para la guerra

LA HABANA.— Mientras el discurso oficial insiste en la defensa de la paz y la estabilidad, Cuba ha vuelto a generar controversia tras la difusión en redes sociales de imágenes y mensajes sobre su supuesta “preparación para la defensa”. En ellas se observa la movilización periódica de civiles, incluidos adolescentes, en ejercicios que simulan escenarios de confrontación armada, una práctica que ha sido presentada como respuesta ante un eventual ataque externo.

Las imágenes, ampliamente compartidas y comentadas, han provocado una ola de reacciones críticas dentro y fuera de la Isla. Para muchos observadores, el contraste resulta evidente: se habla de paz, pero se entrena para la guerra; se invoca la soberanía, pero se normaliza la militarización de la vida cotidiana. La pregunta surge de forma inevitable: ¿cómo se puede promover la paz mientras se prepara a la población, incluidos menores, para un conflicto armado?

La guerra, como recuerdan analistas y defensores de derechos humanos, no es un ejercicio retórico ni simbólico. La guerra deja muertos sin nombre, familias rotas y sociedades marcadas durante generaciones. Preparar adolescentes para ese escenario no solo plantea un dilema ético profundo, sino que refuerza una lógica de confrontación permanente que limita cualquier salida política o diplomática.

Este debate se produce en un contexto de creciente presión internacional. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió recientemente que durante años Cuba dependió de petróleo y recursos financieros procedentes de Venezuela, un esquema que —según afirmó— llegó a su fin tras los acontecimientos de las últimas semanas. En un mensaje difundido públicamente, Trump fue categórico: “No habrá más petróleo ni dinero para Cuba. Cero”, y recomendó alcanzar un acuerdo “antes de que sea demasiado tarde”.

Más allá del tono del mensaje, el trasfondo es claro: el margen económico y político de Cuba se ha reducido de forma drástica. En ese escenario, la insistencia en ejercicios de defensa y en una narrativa de guerra permanente parece alejar aún más la posibilidad de una solución pragmática a la crisis que enfrenta el país.

Hablar de paz exige coherencia. La paz no se construye entrenando personas para un conflicto hipotético, ni alimentando una retórica de plaza sitiada. La paz se construye con negociación, con apertura y con decisiones urgentes que eviten un mayor deterioro social y económico. Cuba necesita sentarse a negociar, y hacerlo con rapidez, antes de que la confrontación —real o simbólica— siga cobrando un precio que siempre pagan los mismos.

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