LA HABANA / WASHINGTON – En las últimas horas, diversos reportes del portal Axios han encendido las alarmas al sugerir contactos directos entre el Secretario de Estado, Marco Rubio, y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido popularmente como «El Cangrejo». Sin embargo, analistas de inteligencia y expertos en política exterior sostienen que la probabilidad de que Washington esté sentando las bases de una transición real con el nieto de Raúl Castro es, en el mejor de los casos, remota.
¿Por qué «El Cangrejo» es un interlocutor improbable?
Aunque el parentesco de Rodríguez Castro le otorga una cercanía física inigualable al poder, existen tres razones de peso que desinflan la teoría de una negociación formal con él:
- Falta de peso institucional: A pesar de su cargo en la seguridad personal, «El Cangrejo» no posee mando de tropas ni una cartera ministerial. Washington, bajo la actual administración de Donald Trump, ha dejado claro que busca interlocutores que puedan garantizar el orden y la ejecución de acuerdos, no solo «mensajeros de la familia».
- El estigma del «testaferro»: Fuentes en el Congreso de EE. UU. señalan que figuras cercanas a Rodríguez Castro han sido recientemente procesadas o señaladas por lavado de dinero y gestión de capitales del régimen. Negociar con él supondría para la administración Trump una contradicción política difícil de explicar a su base en Florida.
- Fragmentación interna: Dentro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), la figura de Raúl Guillermo no goza de la legitimidad histórica de los generales de la «vieja guardia» ni del respeto técnico de los nuevos cuadros militares, quienes verían cualquier acuerdo personalista como una traición a la institución.
¿Con quién se está negociando realmente?
Si bien el ruido mediático rodea al entorno familiar, los canales diplomáticos y de inteligencia sugieren que el verdadero diálogo para un «trato» humanitario o migratorio está ocurriendo en otras esferas:
- Los «Tecnócratas» del MINREX: A pesar de los desmentidos oficiales del viceministro Carlos Fernández de Cossío, el intercambio de mensajes sobre el flujo migratorio y la seguridad fronteriza es constante. Son ellos quienes mantienen la infraestructura diplomática operativa.
- La Cúpula de GAESA y los Generales «Reformistas»: Washington sabe que el control de la isla pasa por el bolsillo y las armas. El interés real de los negociadores estadounidenses apunta a sectores dentro del ejército que, ante la crisis energética y el riesgo de colapso total, podrían estar dispuestos a una apertura económica a cambio de garantías de supervivencia post-transición.
- Alejandro Castro Espín: Aunque se ha mantenido en un perfil bajo tras su salida de la primera línea de inteligencia, algunos observadores sugieren que el hijo de Raúl Castro sigue siendo el «arquitecto en las sombras» con mayor capacidad estratégica que su sobrino, el escolta.
«Washington no busca un amigo en La Habana, busca un socio que pueda firmar un cheque que no rebote», afirmó un exanalista del Departamento de Estado. «El Cangrejo ofrece acceso, pero los generales ofrecen estabilidad».
Estado de la situación
Mientras el presidente Trump insiste en que Cuba es un «estado fallido» y mantiene la presión sobre el suministro de combustible, la retórica del «trato» sigue en el aire. Las conversaciones actuales parecen centrarse más en evitar un éxodo masivo que en una reforma política profunda, dejando las supuestas reuniones con «El Cangrejo» en el terreno de la exploración de canales secundarios (back-channels) más que en una mesa de negociación real.
En este contexto, los supuestos contactos con “El Cangrejo” son interpretados por expertos principalmente como exploraciones informales o canales secundarios más que como una negociación estructurada. El interés inmediato de Washington parece concentrarse en la estabilidad regional, el control migratorio y la evolución económica de la isla, más que en cambios políticos inmediatos.
El escenario sigue siendo incierto y sujeto a múltiples variables, desde la evolución de la crisis energética hasta las dinámicas internas de poder en Cuba y la política exterior estadounidense. Por ahora, la idea de una negociación directa con figuras sin peso institucional sólido se percibe como poco probable dentro del complejo tablero geopolítico actual.
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