LA HABANA — Mientras el sol se oculta sobre el Malecón, una densa oscuridad comienza a devorar los barrios de la capital cubana, extendiéndose como una mancha de aceite hacia el interior del país. Lo que las autoridades describen técnicamente como un «déficit de capacidad de generación» —que este lunes alcanzó la alarmante cifra de casi 2,000 megavatios— es, para el ciudadano común, una parálisis casi total de la vida moderna.
La crisis energética de este inicio de 2026 no es solo una cuestión de bombillos apagados; es el síntoma más visible de un modelo económico que parece haber agotado sus reservas de maniobra. Con más de la mitad de la demanda nacional sin cubrir, las familias cubanas enfrentan jornadas de hasta 18 horas sin servicio eléctrico, una realidad que pulveriza la conservación de los pocos alimentos disponibles y detiene la producción en un país que ya proyecta un crecimiento nulo o marginal para el año en curso.
La vulnerabilidad del sistema se ha visto agravada por una tormenta geopolítica perfecta. La reciente caída de aliados estratégicos en la región y el endurecimiento de las restricciones logísticas han dejado a las centrales termoeléctricas —muchas de ellas con tecnología obsoleta de la era soviética— sin el combustible necesario para operar. Aunque el gobierno ha intentado mitigar el impacto con la instalación de parques solares, la escala de la infraestructura renovable sigue siendo insuficiente para compensar el deterioro de las plantas principales, que entran y salen de servicio con una regularidad desesperante.
En las calles de barrios como El Cano, en La Lisa, el descontento ha comenzado a manifestarse no solo en largas colas por pan, sino en el sonido de cacerolas que rompe el silencio de los apagones nocturnos. El malestar social crece al ritmo de una inflación que no da tregua y una escasez de medicamentos que obliga a muchos a depender de la solidaridad de la diáspora.
Para la administración central, el desafío ya no es solo técnico, sino de legitimidad. Mientras se anuncian planes de descentralización administrativa para los municipios, la centralización de la crisis energética demuestra que las soluciones locales son imposibles sin una inversión masiva de capital extranjero que, por ahora, se mantiene cauteloso ante la inestabilidad del entorno. Cuba atraviesa este enero no solo una emergencia de voltajes, sino una encrucijada histórica donde la resiliencia de su población está siendo puesta a prueba hasta el límite de lo tolerable.
#CubaHoy #CrisisEnergética #LaHabana #EconomíaCubana #Apagones





