Por qué el ministro de Transporte conecta con la ciudadanía pese a la crisis del sector

A raíz del cumpleaños del ministro de Transporte celebrado ayer, las redes sociales volvieron a encender un debate sobre la simpatía popular que ha generado esta figura dentro de un panorama político donde la mayoría de los altos dirigentes se mantiene distante o poco comunicativa. Un comentario difundido recientemente cuestionaba lo que describía como una “campaña” en torno al ministro Eduardo Rodríguez Dávila, insinuando que su creciente aceptación se debía principalmente a su presencia en redes y a un supuesto impulso propagandístico.

El texto planteaba dudas sobre por qué otros ministros no adoptan el mismo estilo comunicacional y sugería que llamarlo “ministro del pueblo” podría interpretarse como un juicio implícito hacia el resto del gabinete. Sin embargo, esta lectura pasa por alto un hecho evidente para muchos ciudadanos: la conexión social que ha logrado Dávila no nace de la propaganda, sino de un comportamiento radicalmente distinto al que predomina en la dirigencia cubana.

En un país donde el transporte continúa siendo uno de los sectores más afectados —con falta de piezas, deterioro del parque automotor y una movilidad cada vez más difícil— la simpatía hacia el ministro no proviene de los resultados, que siguen siendo insuficientes, sino de su forma de manejar la crisis.

La verdadera pregunta que se hace la población no es por qué se le reconoce, sino qué hace diferente a este ministro dentro de un escenario de enorme descontento social.

Una parte de la respuesta radica en que Dávila no proyecta ostentación, ni se muestra rodeado de comodidades que contrasten con la dura realidad del país. Tampoco ofrece discursos evasivos ni intenta justificar con consignas políticas problemas que llevan años acumulándose. Por el contrario, mantiene un tono directo, reconoce limitaciones y no subestima la inteligencia de la ciudadanía.

Además, distintos trabajadores del sector afirman que el ministro se involucra en el terreno, conversa con choferes, escucha inquietudes y evita las reuniones formales desconectadas del día a día. Su presencia en redes sociales no se percibe como publicidad personal, sino como un intento de transparentar —en la medida posible— un sistema altamente deteriorado.

En un entorno marcado por errores estructurales, políticas fallidas como la Tarea Ordenamiento y una economía que arrastra consecuencias profundas, la gente distingue con claridad entre lo auténtico y lo impostado. Quizás por eso, pese a los enormes problemas del transporte, muchos cubanos sienten que este ministro se acerca más a su realidad que quienes suelen aparecer tras micrófonos y podios sin contacto real con la calle.

En definitiva, el “rapport” que ha generado con la ciudadanía se debe a que no engaña ni inventa salidas fáciles, no se muestra distante y no exhibe privilegios en un país donde millones luchan por conseguir lo básico. Si el cumpleaños del ministro volvió a poner su nombre en el centro del debate público, es porque representa algo que la población valora especialmente en tiempos de crisis: la sensación de ser escuchada y de que, al menos una figura de alto nivel, no vive desconectada de lo que realmente ocurre.

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