La libertad de expresión pierde sentido cuando solo se acepta para quienes piensan igual.
La decisión de la Casa Blanca de negar el acceso a periodistas de CNN, MS NOW y POLITICO después de que el presidente Donald Trump acusara a esos medios de difundir información falsa abre una discusión que trasciende simpatías políticas, partidos y líneas editoriales. Este sábado, los tres medios informaron que sus periodistas fueron rechazados en los accesos y que sus credenciales fueron confiscadas.
Desde CubaHerald consideramos que una democracia debe ser capaz de convivir incluso con una prensa incómoda, crítica o abiertamente hostil al Gobierno.
Un presidente tiene pleno derecho a cuestionar públicamente una noticia, denunciar errores, aportar pruebas, exigir rectificaciones e incluso confrontar duramente a periodistas. Los medios tampoco están por encima de la crítica y deben responder cuando publican información incorrecta.
Pero existe una diferencia sustancial entre criticar a un medio y utilizar el poder del Estado para restringir su acceso por el contenido de su cobertura.
Trump justificó la medida acusando a las tres organizaciones de publicar “fake news” y adelantó que otros medios podrían seguir el mismo camino. CNN, MS NOW y POLITICO sostienen que la decisión vulnera las protecciones de la Primera Enmienda y han anunciado que defenderán sus derechos.
Ese precedente merece atención independientemente de quién ocupe la Casa Blanca.
La verdadera prueba de la libertad de prensa no aparece cuando un gobierno tolera a periodistas que lo elogian. Aparece cuando permite trabajar a quienes lo cuestionan, investigan sus decisiones o publican información que considera injusta.
CubaHerald ha sido crítico durante años con las restricciones que el Estado cubano impone a periodistas independientes. Sería incoherente denunciar esas prácticas en Cuba y guardar silencio cuando una administración estadounidense adopta una medida que restringe el acceso de medios debido a una cobertura que considera falsa o desfavorable.
Estados Unidos posee instituciones, tribunales y garantías constitucionales muy diferentes de las existentes en Cuba, y ambos contextos no deben equipararse automáticamente. Pero precisamente por eso las decisiones que afectan a la prensa deben someterse a un escrutinio especialmente riguroso.
La libertad de expresión no puede convertirse en un privilegio condicionado a que la prensa agrade al gobernante de turno.
Hoy puede tratarse de CNN, MS NOW o POLITICO. Mañana podría tratarse de un medio conservador bajo una administración demócrata, de un periódico local incómodo o de cualquier periodista que publique algo que el poder considere injusto.
La regla debe ser la misma para todos.
Los gobiernos tienen derecho a responder a la prensa. No deberían tener derecho a decidir qué periodismo merece existir en función de si les resulta favorable.
La democracia necesita una prensa responsable, pero también necesita gobiernos capaces de soportarla.
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