Muere a los 94 años Ramiro Valdés, figura histórica y polémica del poder en Cuba

Ramiro Valdés Menéndez, uno de los dirigentes más longevos e influyentes de la estructura política cubana, falleció este domingo a los 94 años, según confirmó Miguel Díaz-Canel. Su muerte cierra la trayectoria de una figura estrechamente vinculada durante más de seis décadas al aparato de seguridad y al núcleo dirigente del país.

Díaz-Canel anunció el fallecimiento mediante un mensaje en redes sociales, en el que describió a Valdés como una figura cercana y destacó su fidelidad a Fidel y Raúl Castro. El mandatario afirmó que recibió de él apoyo y consejos, y comparó el dolor de su pérdida con el de la muerte de un padre.

Más allá del tono personal y solemne de la declaración oficial, la trayectoria de Ramiro Valdés continúa siendo profundamente controvertida dentro y fuera de Cuba.

Nacido el 28 de abril de 1932 en Artemisa, participó en el asalto al cuartel Moncada en 1953, integró la expedición del yate Granma y formó parte del grupo que acompañó a Fidel Castro durante la lucha armada contra el Gobierno de Fulgencio Batista.

Tras el triunfo revolucionario de 1959, Valdés se convirtió en una pieza fundamental de la nueva estructura de poder. Fue uno de los organizadores del aparato de inteligencia y seguridad del Estado y ocupó el cargo de ministro del Interior durante dos períodos, entre 1961 y 1968 y nuevamente entre 1979 y 1985.

Su paso por el Ministerio del Interior coincidió con algunos de los años de mayor persecución política, encarcelamiento de opositores, vigilancia de la población y consolidación de los organismos de inteligencia cubanos. Por ese motivo, antiguos presos políticos, activistas y organizaciones del exilio lo señalaron durante décadas como uno de los principales responsables del sistema represivo establecido después de 1959.

Valdés también ocupó responsabilidades como vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros, ministro de Informática y Comunicaciones y, posteriormente, vice primer ministro. Desde esos puestos intervino en áreas estratégicas como la energía, las telecomunicaciones y el control estatal de las nuevas tecnologías.

Durante su etapa al frente del sector de las comunicaciones defendió públicamente las restricciones sobre internet y sostuvo que el acceso a las tecnologías debía mantenerse bajo control. Aquellas posiciones reforzaron su imagen como representante de la línea más rígida del Gobierno cubano.

Su permanencia en las altas esferas hasta una edad avanzada reflejó la limitada renovación del liderazgo político de la isla. Mientras varias generaciones de cubanos atravesaban profundas transformaciones económicas, migratorias y sociales, Valdés continuó formando parte del reducido grupo histórico que conservó influencia desde los primeros años posteriores a 1959.

La prensa estatal previsiblemente presentará su muerte como la despedida de un héroe histórico. Sin embargo, para una parte considerable de la sociedad cubana y del exilio, su legado no puede separarse de la vigilancia, la censura, las prisiones políticas y la ausencia de libertades que marcaron buena parte de su vida pública.

Ramiro Valdés murió el Día de los Padres y después de haber permanecido varios meses con escasa presencia pública. Con su fallecimiento desaparece otro integrante de la generación histórica que construyó y sostuvo durante décadas el sistema político vigente en Cuba.

Su muerte representa el final de una extensa carrera dentro del poder, pero no elimina las preguntas pendientes sobre su responsabilidad política en decisiones que afectaron la vida y los derechos de miles de cubanos.

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