Trump advierte que Cuba “debería preocuparse”, mientras Marco Rubio la califica como Estado fallido y revela el papel cubano en la seguridad de Maduro

WASHINGTON / MAR-A-LAGO. — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que Cuba “debería preocuparse por su parte” en el nuevo escenario regional abierto tras los acontecimientos en Venezuela, una declaración que refuerza el endurecimiento del discurso de Washington hacia los aliados históricos del chavismo. Las palabras del mandatario, pronunciadas ante la prensa, se producen en un contexto de redefinición de la política estadounidense en el hemisferio y elevan la presión política sobre La Habana.

Trump no anunció medidas concretas contra la Isla, pero dejó claro que su administración considera a Cuba un actor relevante dentro del entramado que, a juicio de Washington, ha contribuido a la inestabilidad venezolana durante años. La advertencia llega poco después de que Estados Unidos confirmara un rol directo en la transición en Venezuela, un precedente que ha generado inquietud en varios gobiernos de la región.

En la misma línea, el secretario de Estado Marco Rubio fue más explícito al calificar a Cuba como un “Estado fallido”, argumentando que el país no logra garantizar servicios básicos, estabilidad económica ni condiciones mínimas de bienestar a su población. Rubio sostuvo que la combinación de colapso energético, deterioro institucional y emigración masiva ha convertido a la Isla en un factor de preocupación regional que Estados Unidos no puede ignorar.

Rubio añadió además un elemento de alto impacto político al revelar que el anillo interno de seguridad de Nicolás Maduro estaba compuesto por personal cubano, una afirmación que, de confirmarse plenamente, reforzaría la tesis de una injerencia directa de La Habana en la preservación del poder chavista. Según el jefe de la diplomacia estadounidense, la presencia de asesores y operadores de seguridad cubanos en el entorno más cercano de Maduro evidenciaría el nivel de dependencia del régimen venezolano respecto a Cuba en materia de inteligencia y control interno.

Consultado sobre si Estados Unidos contempla escenarios similares a los aplicados recientemente en Venezuela, Rubio evitó descartar esa posibilidad. Señaló que cada país presenta dinámicas distintas, pero subrayó que Washington “no renuncia a ninguna opción” cuando se trata de defender la seguridad regional y apoyar los derechos de los pueblos, una frase que amplía el margen de interpretación sobre futuras acciones estadounidenses.

Las declaraciones se producen en un momento particularmente delicado para Cuba, inmersa en una crisis económica prolongada, marcada por apagones generalizados, escasez persistente de alimentos y medicinas, y un creciente descontento social. Analistas internacionales señalan que, a diferencia de Venezuela, la estructura económica cubana es aún más frágil y dependiente del exterior, lo que limita su capacidad de respuesta ante un aumento sostenido de la presión internacional.

Hasta el momento, las autoridades cubanas no han emitido una respuesta oficial directa a las palabras de Trump y Rubio. No obstante, el silencio inicial es interpretado por observadores como una señal de cautela ante un discurso estadounidense que, por primera vez en años, menciona abiertamente la posibilidad de escenarios más allá de las sanciones económicas y la presión diplomática tradicional.

El mensaje de Washington parece inequívoco: la política hacia Cuba entra en una fase de mayor confrontación política y estratégica. Aunque no se han anunciado medidas inmediatas, la combinación de advertencias presidenciales, la calificación de “Estado fallido” y la revelación sobre el papel cubano en la seguridad de Maduro sitúan nuevamente a la Isla en el centro del debate geopolítico regional, con implicaciones aún difíciles de anticipar.

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