La principal termoeléctrica de Cuba, la Antonio Guiteras, volvió a sufrir una avería que la dejó fuera del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), poniendo nuevamente en evidencia el deterioro de una infraestructura energética que enfrenta crecientes dificultades para sostener la demanda del país. Directivos de la planta reconocieron que la instalación requiere una reparación capital de al menos 180 días, una intervención que no se realiza desde hace más de una década.
La salida de la unidad ocurrió la noche del viernes debido a una nueva falla en el economizador de la caldera, un componente que ha protagonizado repetidos problemas técnicos durante los últimos meses. Las autoridades estiman que el regreso de la central podría tardar hasta 96 horas, ya que además de reparar la avería actual se realizarán inspecciones más profundas para detectar otros posibles puntos vulnerables.
De acuerdo con información ofrecida por la dirección de la planta en medios estatales, los especialistas deben esperar primero que la caldera se enfríe completamente antes de evaluar el alcance real de los daños. Posteriormente se ejecutarán pruebas adicionales con el objetivo de reducir la frecuencia de futuras interrupciones.
Los datos oficiales reflejan la gravedad de la situación. Entre enero y finales de mayo de este año, la Guiteras acumuló doce salidas del SEN y cerca de 300 horas fuera de servicio debido a problemas asociados al economizador. Además, aproximadamente la mitad de las interrupciones registradas en la central durante 2026 han estado vinculadas directamente a fallas en la caldera.
La situación resulta especialmente preocupante porque la Guiteras es considerada una de las instalaciones más importantes para la generación eléctrica en Cuba. Cada vez que la planta sale de operación, el déficit energético aumenta considerablemente, provocando apagones más prolongados en numerosas provincias.
Directivos de la central admitieron que una intervención de entre 25 y 30 días permitiría corregir una parte importante de los problemas recurrentes. Sin embargo, también reconocieron que la solución definitiva requeriría una reparación mucho más extensa, estimada en unos seis meses, algo que las actuales condiciones del sistema eléctrico nacional no permiten ejecutar sin generar un impacto aún mayor en el suministro de electricidad.
La termoeléctrica acumula ya 38 años de explotación y su última reparación de gran magnitud se realizó en 2010. Desde entonces, el envejecimiento de los equipos y las limitaciones para realizar mantenimientos integrales han incrementado la frecuencia de las averías.
Mientras las autoridades buscan mantener operativa la instalación mediante reparaciones parciales, millones de cubanos continúan enfrentando extensos cortes eléctricos. La situación alimenta el escepticismo de muchos ciudadanos, que observan cómo las promesas de estabilización energética chocan repetidamente con la realidad de un sistema que depende de instalaciones cada vez más envejecidas y vulnerables.
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