La difusión de un video en redes sociales ha generado preocupación y rechazo por la situación deplorable del zoológico de Florida, en la provincia de Camagüey, donde, según las imágenes, solo queda un animal con vida: un león en avanzado estado de desnutrición y abandono.
El material fue reproducido y citado por Puerto Cu en Facebook, y muestra al felino visiblemente extremadamente delgado, envejecido y sin condiciones mínimas de bienestar. En el video, la persona que graba denuncia la presencia de carne en estado de descomposición en el recinto y describe el lugar como insalubre, afirmando que “aquí no hay más nada”, en referencia a la ausencia de otros animales y al deterioro general del espacio.
Las imágenes también evidencian deficiencias graves en la seguridad y el manejo del animal, con cercas improvisadas a base de alambre y una supuesta “bota de seguridad” colocada como sustituto de un sistema adecuado de protección. El narrador advierte que el sitio no es apto para recibir niños ni visitantes, al considerarlo peligroso y carente de condiciones higiénicas.
El video sugiere que el zoológico se encuentra prácticamente abandonado, sin personal visible ni infraestructura funcional, y que el león permanece en soledad y sin atención veterinaria aparente. La denuncia ha reavivado cuestionamientos sobre la gestión de instalaciones zoológicas en el interior del país, así como la responsabilidad de las autoridades locales en la protección de animales en cautiverio.
Hasta el momento, no se ha informado de una respuesta oficial por parte de las autoridades municipales o provinciales sobre la situación del zoológico de Florida ni sobre el estado de salud del animal. La difusión del video ha provocado llamados en redes sociales a una intervención urgente, tanto para garantizar el bienestar del león como para esclarecer las condiciones reales del recinto.
La madrugada espirituana vivió horas de tensión tras la fuga de un babuino adulto que logró salir de su recinto y generó un amplio despliegue de búsqueda en zonas cercanas al zoológico provincial. El incidente activó a equipos especializados, personal del Ministerio del Interior y veterinarios, que trabajaron durante más de cuatro horas para recuperar al animal sin causar daños.
Según relataron testigos, la escapada ocurrió cuando el primate consiguió abrir el mecanismo de seguridad de su encierro. La ausencia fue detectada minutos después, lo que desató un operativo que se extendió por varias manzanas y despertó a numerosos residentes por el movimiento de vehículos oficiales, luces en los patios y agentes recorriendo los alrededores.
El animal —de comportamiento dominante y potencialmente peligroso si se siente acorralado— fue localizado en las alturas de una construcción cercana, observando el entorno sin emitir sonidos. Su postura obligó a las autoridades a actuar con extrema cautela para evitar situaciones de riesgo tanto para la población como para el propio babuino.
Los intentos iniciales de sedación no dieron resultado; sin embargo, un cuarto disparo tranquilizante permitió reducir parcialmente su movilidad. En ese momento, un cuidador que había trabajado con él durante años fue clave para calmarlo: el primate reconoció su voz, se relajó y permitió que el equipo de captura actuara sin necesidad de emplear fuerza.
El episodio concluyó sin heridos, pero dejó al descubierto deficiencias en la infraestructura de seguridad del zoológico, lo que llevó a ordenar una revisión inmediata de cerraduras, barreras y protocolos de manejo. También reavivó el debate sobre la convivencia de cientos de familias que residen pared con pared junto a recintos donde se mantienen animales que requieren medidas estrictas.
Este suceso no es aislado. En otras instalaciones del país se han reportado fugas de primates y otros animales, lo que incrementa la preocupación ciudadana y la demanda de reforzar la seguridad en entornos donde la fauna en cautiverio pueda representar un riesgo.
La madrugada quedará marcada por la mezcla de temor, sorpresa y expectación: la historia del babuino que paralizó un barrio entero y obligó a revisar prácticas de manejo animal que, a la luz de los hechos, necesitan mayor inversión y profesionalización.
En los últimos años, la situación de los zoológicos en Cuba ha llegado a ser uno de los símbolos más evidentes de la profunda crisis que atraviesa la isla. Estas instituciones, que alguna vez fueron emblemas de conservación y recreación, hoy muestran un cuadro desolador marcado por el abandono, la desnutrición de los animales y la falta de recursos. Este deterioro no solo evidencia las limitaciones económicas del país, sino que también refleja la precariedad del sistema en su conjunto, desde la gestión de recursos hasta la aplicación de políticas de bienestar animal.
Un Deterioro Progresivo
Los zoológicos en Cuba, que alguna vez fueron considerados espacios educativos y de entretenimiento, han caído en un estado de abandono alarmante. El Zoológico de 26 en La Habana, uno de los más antiguos de la isla, es quizás el ejemplo más notorio de esta decadencia. Inaugurado en 1939 con una visión conservacionista, científica y pedagógica, hoy en día sus instalaciones se encuentran en un estado deplorable.
Los visitantes que acuden al Zoológico de 26 se encuentran con un panorama desolador: jaulas sucias, animales famélicos y un ambiente que dista mucho de ser adecuado para cualquier tipo de vida. Los leones, que en otro tiempo representaban el orgullo del zoológico, ahora muestran signos evidentes de desnutrición, con pieles cubiertas de ampollas y huesos prominentes que se marcan a través de su pelaje. El estado de los cocodrilos y otros reptiles es igualmente alarmante; algunos de sus estanques están completamente secos, y el agua que debería ser su hábitat natural simplemente no existe. Además, la falta de mantenimiento ha permitido que plagas como los caracoles africanos se propaguen sin control, afectando aún más el bienestar de los animales.
Este cuadro de deterioro no solo se limita a La Habana. Otros zoológicos en diferentes provincias de Cuba también exhiben un estado crítico. En Sancti Spíritus, por ejemplo, se reporta que los animales viven en condiciones de miseria, con jaulas oxidadas y alimentos insuficientes. En Caibarién, un mono escapó del zoológico, posiblemente impulsado por la desesperación y el hambre, generando un despliegue de seguridad desproporcionado que incluyó a fuerzas militares para su captura. Este incidente subraya la magnitud de la crisis que afecta a los zoológicos en toda la isla.
La Crisis Alimentaria: Un Sufrimiento Silencioso
Uno de los aspectos más alarmantes de esta situación es la crisis alimentaria que sufren los animales en estos zoológicos. La falta de recursos ha llevado a una desnutrición generalizada entre las especies, lo que ha sido denunciado repetidamente por visitantes, trabajadores y defensores de los derechos de los animales. Las raciones de comida son insuficientes, y en muchos casos, los animales pasan días sin recibir alimentación adecuada.
En el Zoológico de 26, los leones, que en su hábitat natural son poderosos depredadores, se han reducido a esqueletos vivientes. Esta desnutrición extrema no solo afecta su salud física, sino que también deteriora su comportamiento y bienestar general. Las aves, reptiles y otros mamíferos también sufren de esta crisis alimentaria, lo que ha llevado a situaciones como la muerte de un lobo marino en el Acuario Nacional, donde la desnutrición fue señalada como la causa principal.
Este sufrimiento se refleja también en la desesperación de los animales por escapar de sus jaulas, como fue el caso del mono de Caibarién. Estas fugas, aunque no son frecuentes, son un síntoma claro de las condiciones extremas que padecen los animales en cautiverio. La situación es tan grave que algunos activistas han propuesto el cierre de estos zoológicos, argumentando que las condiciones actuales son inaceptables y que los animales estarían mejor en reservas o santuarios donde puedan recibir el cuidado que necesitan.
Impacto en la Sociedad y la Conciencia Pública
La situación de los zoológicos en Cuba no solo afecta a los animales que habitan en ellos, sino que también tiene un impacto profundo en la sociedad cubana. Estos lugares, que en su momento fueron sitios de recreación familiar, hoy son testigos de la desesperanza y la desilusión de los visitantes, especialmente de los niños. Lo que debería ser una experiencia educativa y entretenida se ha convertido en un recorrido por instalaciones decadentes, donde los animales exhiben el resultado del abandono y la falta de recursos.
Además, la crisis en los zoológicos ha generado un aumento en las quejas y denuncias por parte de activistas y ciudadanos. La Ley 31 de Bienestar Animal, que exige que se mantengan las condiciones necesarias para que los animales no sufran estrés ni malnutrición, parece ser ignorada sistemáticamente. Esta falta de cumplimiento ha llevado a un aumento en las demandas de reformas y cambios estructurales, no solo en la gestión de los zoológicos, sino en todo el sistema de protección animal en Cuba.
El malestar social también se refleja en las redes sociales, donde los usuarios expresan su indignación ante el trato que reciben los animales y la falta de acción por parte de las autoridades. Las imágenes de animales famélicos y jaulas sucias circulan ampliamente, generando un debate público sobre la viabilidad de mantener estos espacios abiertos bajo las condiciones actuales. Las voces que piden el cierre de los zoológicos y la reubicación de los animales en santuarios más adecuados se hacen cada vez más fuertes, reflejando una creciente conciencia sobre el bienestar animal en la sociedad cubana.
Un Futuro Incierto para los Zoológicos en Cuba
El futuro de los zoológicos en Cuba es, en el mejor de los casos, incierto. La falta de recursos, la crisis económica y la ausencia de un compromiso real con la conservación y el bienestar animal hacen que estas instituciones estén al borde del colapso. Sin una intervención significativa y urgente, es probable que los zoológicos continúen deteriorándose hasta un punto en el que ya no sean sostenibles.
Para evitar este destino, sería necesario un replanteamiento completo de la función de los zoológicos en la isla. Esto incluiría no solo la mejora de las instalaciones y la alimentación de los animales, sino también la implementación de programas de educación y conservación que realmente cumplan con su propósito original. Asimismo, sería crucial establecer colaboraciones internacionales que puedan aportar recursos y conocimientos para mejorar las condiciones de vida de los animales en cautiverio.
En conclusión, los zoológicos en Cuba han pasado de ser espacios de recreación y educación a convertirse en símbolos del deterioro y la crisis del país. El sufrimiento de los animales cautivos es un reflejo de las fallas estructurales más amplias que afectan a toda la sociedad cubana. A menos que se tomen medidas drásticas para abordar estos problemas, es probable que los zoológicos de la isla sigan siendo lugares de miseria, tanto para los animales como para los seres humanos que los visitan.