La difusión pública de la Letra del Año 2026 —tradición espiritual vinculada a la religión yoruba— generó un intenso intercambio en redes sociales entre diversos sectores religiosos del país, especialmente dentro de comunidades cristianas que expresaron su postura frente a este ritual, defendiendo que “solo Jesús puede transformar la realidad de Cuba”.
La Letra, presentada el 1 de enero por la Asociación Cultural Yoruba de Cuba, incluye advertencias sobre posibles conflictos sociales, crisis sanitarias y llamados a la armonía familiar. Su publicación, como cada inicio de año, marca un evento de interés cultural para miles de cubanos. Sin embargo, esta edición expuso con mayor claridad un fenómeno creciente: la reafirmación pública de la fe cristiana y la crítica abierta a otras creencias.
En redes sociales, algunos usuarios reaccionaron cuestionando la relevancia de estas predicciones espirituales para el futuro del país, insistiendo en que la única guía válida proviene del Evangelio y la fe en Cristo. Para muchos, el mensaje dominante fue contundente: el destino de la nación —afirman— depende más de la espiritualidad, la fe personal y la unión del pueblo que de ritos religiosos.
También se hicieron visibles voces moderadas que pidieron tolerancia y respeto entre religiones, recordando que Cuba es un país de diversidad espiritual, donde conviven tradiciones afrocubanas, catolicismo, protestantismo y otras expresiones de fe. Desde esta mirada, el llamado fue a evitar la división y enfocarse en valores universales como el amor, la oración, la solidaridad y la esperanza colectiva.
Entre los comentarios más reflexivos, se destacó la necesidad de superar la polarización y de entender la fe como puente, no como arma, en un momento en el que la sociedad cubana enfrenta desafíos económicos y anímicos sin precedentes.
El debate provocado por esta Letra del Año trasciende la esfera religiosa y conecta con una pregunta que atraviesa silenciosamente al país:
¿Dónde buscan hoy los cubanos sus respuestas, su consuelo y sus expectativas para el futuro?
Una parte del pueblo ha escogido a Cristo; otros mantienen la tradición yoruba como herencia cultural y espiritual; y un sector creciente mezcla símbolos, rituales y creencias como forma de resistencia emocional ante la incertidumbre.
Más allá de diferencias, lo que resonó este 1 de enero fue una necesidad compartida:
Cuba quiere sanar, unirse y volver a creer en un mañana posible.
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