¿Qué puede comprar un cubano con su salario? Una libra de cinco productos básicos ya supera el sueldo mínimo

Los precios fotografiados este sábado en un mercado cubano vuelven a mostrar la enorme distancia entre los salarios y el costo real de los alimentos. Papa a 400 pesos, limón a 400, tomate a 600, jengibre a 900 y cebolla a 1.200 pesos: comprar apenas una libra de cada producto costaría unos 3.500 pesos, más que el salario mínimo mensual vigente en Cuba.

Desde julio de 2026, el salario mínimo nacional en Cuba es de 3.210 pesos mensuales, después de que el Gobierno lo elevara desde los 2.100 pesos anteriores. Las propias autoridades reconocieron al anunciar la medida que el incremento seguía siendo insuficiente frente al comportamiento de los precios.

Las fotografías recibidas por CubaHerald permiten comprender por qué.

En uno de los puestos aparecen papas a 400 pesos; en otro, limones con un cartel de 400 pesos. El jengibre se anuncia a 900 pesos la libra, los tomates a 600 pesos y las cebollas alcanzan los 1.200 pesos por libra.

Tomando esos precios como referencia, y suponiendo que los carteles de papa, limón y tomate corresponden igualmente al precio por libra, una compra mínima sería devastadora para cualquier salario bajo:

1 libra de papa: 400 CUP
1 libra de limón: 400 CUP
1 libra de jengibre: 900 CUP
1 libra de tomate: 600 CUP
1 libra de cebolla: 1.200 CUP

Total: 3.500 pesos.

Es decir, solo cinco libras de alimentos —una de cada producto— consumirían el 109 % de un salario mínimo de 3.210 pesos. Y después todavía habría que pagar arroz, frijoles, carne, huevos, aceite, pan, transporte, electricidad, medicamentos, productos de higiene y cualquier otro gasto de una familia.

La comparación resulta todavía más gráfica si se analiza cada producto por separado. Un trabajador que recibiera únicamente el salario mínimo podría destinar todo un mes de trabajo a comprar aproximadamente ocho libras de papa, unas ocho libras de limón, alrededor de cinco libras de tomate, poco más de tres libras y media de jengibre o apenas 2,7 libras de cebolla.

Y eso significaría gastar absolutamente todo el salario en un único alimento.

Las cifras ayudan a explicar por qué cada vez más cubanos recurren a familiares en el extranjero, remesas, trabajos privados, ventas informales o múltiples fuentes de ingreso para intentar cubrir sus necesidades básicas. Para quienes dependen exclusivamente de un salario estatal o de una pensión, la aritmética simplemente no alcanza.

En redes sociales se ha vuelto frecuente la comparación con ciudades estadounidenses como Miami, donde el costo de la vivienda, los seguros y numerosos servicios es considerablemente mayor en términos nominales. Sin embargo, cuando la comparación se hace en términos de poder adquisitivo, la situación cubana resulta particularmente extrema.

Decir simplemente que “Cuba es más cara que Miami” no sería técnicamente correcto si se comparan precios absolutos de toda la economía. Pero en determinados alimentos y, sobre todo, cuando se mide cuánto representan esos precios respecto al salario de quien tiene que pagarlos, vivir en Cuba puede resultar proporcionalmente mucho más costoso.

Un trabajador en Miami puede considerar cara una libra de cebolla o tomate, pero difícilmente una sola libra representa una tercera parte de su salario mensual. En Cuba, una libra de cebolla a 1.200 pesos equivale a aproximadamente el 37 % del salario mínimo de todo un mes.

Una libra de jengibre a 900 pesos representa otro 28 %.

Una libra de tomates a 600 pesos consume casi el 19 %.

Son porcentajes que transforman productos cotidianos en artículos difíciles de incorporar regularmente a la dieta de una persona que viva exclusivamente de un ingreso estatal bajo.

El problema, por tanto, no es únicamente cuánto cuestan los alimentos. Es la relación entre precio e ingreso.

El Gobierno elevó este verano el salario mínimo en aproximadamente un 53 %, desde 2.100 hasta 3.210 pesos, pero reconoció que las condiciones económicas del país no permitían una reforma salarial integral.

Las fotografías de un mercado cubano muestran ahora la otra parte de la ecuación: un incremento salarial puede parecer importante sobre el papel, pero pierde buena parte de su efecto cuando los precios de alimentos elementales se cuentan por cientos o incluso más de mil pesos por libra.

La pregunta entonces deja de ser cuánto cuesta una cebolla, un tomate o una papa.

La pregunta es mucho más básica: ¿qué puede comprar realmente un trabajador cubano después de trabajar todo un mes?

Con estos precios, la respuesta es inquietante: muy poco.

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