“No fue Melissa… fue la miseria”: sacerdote cubano denuncia el abandono estructural tras el paso del huracán

En medio del panorama devastador que dejó el huracán Melissa en el oriente de Cuba, una voz distinta ha irrumpido con fuerza entre los escombros y la retórica oficial. El sacerdote Leandro NaunHung, de la diócesis de Santiago de Cuba, pronunció una homilía que ha recorrido el país a través de redes sociales y mensajes compartidos de boca en boca: “Lo que tumbó Melissa no fueron casas… fue la mentira de que esas casas existían.

El padre habló ante una comunidad rural profundamente afectada por el ciclón, pero su mensaje fue más allá del fenómeno natural. Cuestionó el relato institucional que culpa exclusivamente al huracán por la destrucción, al tiempo que expuso la fragilidad estructural y social que padecen miles de cubanos desde hace décadas.

“Muchos dicen: me quedé sin casa por el ciclón. ¿Cuál casa? Cuatro palos, una lona y dos tejas no son una vivienda. Melissa no te tumbó nada… solo mostró que nunca tuviste techo.”

Con estas palabras, el sacerdote no solo interpeló al Estado, sino también a una sociedad acostumbrada a esperar soluciones que no llegan. Su exhortación fue clara: dejar la espera pasiva y construir comunidad desde la solidaridad vecinal.

“¿Quién te lo va a dar? No hay materiales, no hay recursos. La prioridad es sobrevivir: un lugar para guarecerse y un plato de comida. No esperes que te resuelvan la vida.”

Frente al silencio o a los partes triunfalistas de la prensa oficial, que ha centrado su narrativa en la recuperación y el esfuerzo estatal, las palabras del padre NaunHung desnudan una verdad incómoda: la pobreza estructural, la improvisación en la vivienda y la ausencia de respuestas efectivas son el verdadero desastre.

El mensaje del sacerdote se suma a recientes declaraciones del párroco Alberto Reyes, quien ha denunciado que la crisis social es usada como herramienta de control: “la desesperanza es el muro que impide protestar”, afirmó hace unos días en su parroquia de Camagüey.

Las reflexiones de NaunHung y Reyes conectan con lo que ya muestran imágenes y testimonios ciudadanos: techos colapsados que nunca fueron sólidos, pueblos que siguen sin luz, sin agua, sin comida, y una población harta de promesas que no se cumplen.

Mientras tanto, la vida sigue bajo lonas, entre escombros, y con la certeza de que Melissa solo levantó el velo. Lo que sigue expuesto es la miseria.

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