Más de 100 transformadores fuera de servicio en Holguín agravan una crisis eléctrica que no da tregua a la población

La ya compleja situación energética que atraviesa Cuba sumó este jueves un nuevo problema para miles de familias en Holguín, donde más de 100 bancos de transformadores amanecieron fuera de servicio tras sufrir disparos asociados a sobrecargas en la red eléctrica.

Según informaron autoridades del sector eléctrico, solo en el municipio cabecera se contabilizaron 41 transformadores afectados, una cifra que refleja el creciente deterioro de una infraestructura sometida durante años a una enorme presión operativa y a la falta de inversiones suficientes para su modernización.

La explicación oficial apunta a que más del 90 % de las averías se producen cuando regresa la electricidad después de prolongados apagones. En ese momento, miles de hogares conectan simultáneamente ventiladores, refrigeradores, bombas de agua y otros equipos imprescindibles para recuperar parte de la normalidad perdida durante horas de oscuridad, provocando una demanda súbita que termina afectando a los transformadores.

Sin embargo, para muchos ciudadanos la situación evidencia un problema más profundo. Los transformadores no están fallando únicamente por el uso de la población, sino porque operan dentro de una red eléctrica envejecida y sometida a condiciones extremas por una crisis energética que se ha prolongado durante años sin soluciones estructurales visibles.

El resultado es un círculo vicioso que golpea directamente a los cubanos: largas horas de apagón, retorno temporal del servicio, sobrecargas, nuevos fallos en transformadores y más tiempo sin electricidad. En numerosos barrios, los residentes denuncian que pasan más tiempo esperando el regreso de la corriente que disfrutando del servicio.

Aunque las autoridades han desplegado diez grupos operativos para enfrentar la contingencia y reconocer el esfuerzo de los linieros que trabajan en condiciones difíciles, la realidad es que las brigadas se enfrentan a un problema cuya raíz va mucho más allá de la reparación de equipos individuales.

La crisis eléctrica también tiene efectos acumulativos sobre otros servicios esenciales. Los apagones afectan el bombeo de agua, la conservación de alimentos, las telecomunicaciones y el funcionamiento de pequeños negocios que intentan sobrevivir en medio de una economía marcada por la escasez y la inflación.

Para miles de holguineros, la noticia de más de un centenar de transformadores averiados no es simplemente una incidencia técnica. Es otro síntoma del deterioro de un sistema energético que continúa trasladando el peso de sus deficiencias a una población cada vez más agotada por los cortes eléctricos, las carencias y la incertidumbre diaria.

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