La activista cubana Anamely Ramos afirmó este jueves que logró hablar brevemente con el artista y preso político Luis Manuel Otero Alcántara, quien permanece bajo custodia estatal tras haber sido sacado de la prisión de Guanajay, en Artemisa, pocos días antes de cumplirse formalmente el plazo de su condena.
Según el testimonio difundido por Ramos, Otero Alcántara dijo encontrarse “bien”, aunque no pudo confirmar con exactitud en qué lugar permanece detenido. La llamada, de acuerdo con la activista, no habría tenido como objetivo ofrecer una explicación transparente sobre su situación legal, sino preguntar si estaba listo su parole humanitario para una eventual salida hacia Estados Unidos.
El hecho ha encendido nuevas alarmas entre activistas, organizaciones de derechos humanos y allegados del artista, que consideran que las autoridades cubanas podrían estar intentando forzar una solución de exilio para apartarlo del escenario nacional. CiberCuba reportó que Ramos aseguró que Otero Alcántara no pudo revelar su ubicación y que incluso podría no conocerla con precisión.
La situación ocurre en un contexto especialmente sensible. El País informó que el artista fue retirado de la cárcel de Guanajay antes de su liberación formal y que su paradero seguía sin aclararse públicamente, mientras activistas denunciaban una situación de custodia estatal sin información oficial suficiente.
Amnistía Internacional también exigió conocer el paradero de Otero Alcántara, a quien reconoce como preso de conciencia, después de que fuera sacado de prisión sin que las autoridades ofrecieran una explicación clara sobre su ubicación o condiciones de custodia.
Para sus defensores, la posible gestión de un parole humanitario no puede presentarse como un gesto humanitario si ocurre bajo presión, sin libertad real de decisión y después de años de encarcelamiento por motivos políticos. El exilio forzado ha sido utilizado en otras ocasiones por el poder cubano como una válvula de escape: libera presión internacional, reduce el costo diplomático de mantener presos políticos visibles y, al mismo tiempo, expulsa del país a voces incómodas.
El caso de Luis Manuel Otero Alcántara vuelve a colocar al Gobierno cubano frente a una contradicción evidente. Si el artista ya cumplió su condena o está próximo a cumplirla, debería recuperar plenamente su libertad, no pasar de una prisión formal a una custodia opaca mientras se decide su futuro fuera del país. La pregunta central no es si puede salir de Cuba, sino si puede decidir libremente dónde vivir, expresarse y continuar su obra sin chantaje político.
Una eventual llegada de Otero Alcántara a Estados Unidos sería, para muchos opositores y activistas, una confirmación de que La Habana prefiere sacar del país a sus críticos antes que abrir espacios reales de participación, derechos y cambio político. Más que resolver el conflicto, esa salida dejaría expuesta una práctica reiterada: convertir el destierro en sustituto de la libertad.
El destino de Luis Manuel Otero Alcántara sigue siendo una prueba para las autoridades cubanas y también para la comunidad internacional. Su libertad no debería depender de una negociación migratoria ni de cálculos diplomáticos. Debería depender de un principio básico: ningún ciudadano debe ser encarcelado, retenido o empujado al exilio por pensar distinto, crear arte incómodo o desafiar pacíficamente al poder.
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