Las preguntas que siguen abiertas tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores

Un mes después de la operación denominada Absolute Resolve, mediante la cual Estados Unidos ejecutó una acción militar en territorio de Venezuela que derivó en la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, continúan sin respuesta oficial varias interrogantes clave sobre uno de los acontecimientos más relevantes y controvertidos de la política hemisférica reciente. La magnitud del hecho, con implicaciones políticas, jurídicas, militares y humanitarias, contrasta con el limitado nivel de información confirmada ofrecida hasta ahora por las autoridades involucradas.

Uno de los principales vacíos informativos está relacionado con el balance humano de la operación. Diversas versiones no oficiales apuntan a un número elevado de fallecidos, entre militares venezolanos, personal extranjero y población civil. Sin embargo, hasta el momento no se ha publicado un parte oficial detallado ni un listado verificable que permita confirmar las cifras, lo que dificulta una evaluación objetiva del impacto humano y alimenta versiones fragmentadas desde distintos frentes.

Tampoco se ha esclarecido el papel de personal extranjero en el esquema de seguridad de Maduro al momento de su captura. En particular, sigue sin explicación pública la presencia de efectivos cubanos integrados a su custodia, un punto especialmente sensible por sus implicaciones diplomáticas y por el alcance que podría tener en la relación entre Caracas, La Habana y Washington.

Otra incógnita relevante es el colapso de los sistemas de defensa aérea venezolanos. No existe hasta ahora una explicación técnica oficial que detalle cómo fue posible la incursión sin una respuesta efectiva de los mecanismos de protección del espacio aéreo, pese a que durante años las autoridades venezolanas afirmaron contar con capacidades avanzadas de vigilancia y disuasión.

En el plano de inteligencia, las autoridades estadounidenses no han precisado el alcance real de la participación de sus agencias ni el origen de la información que permitió localizar y capturar a las principales figuras del Ejecutivo venezolano. Permanece abierto si la operación fue resultado de inteligencia propia, cooperación internacional, filtraciones internas desde el entorno del poder en Caracas o una combinación de estos factores.

Otra cuestión sin aclarar es si existió el pago de recompensas por información que condujera a la captura. Antes de los hechos, Estados Unidos había ofrecido incentivos económicos por datos que facilitaran la detención de Maduro, pero no se ha confirmado si esos mecanismos jugaron algún papel concreto en la operación. De igual forma, sigue sin conocerse quién financia actualmente la defensa legal de Maduro y Flores en territorio estadounidense, un proceso que implica costos elevados y equipos jurídicos especializados.

Desde el punto de vista jurídico, tampoco se ha expuesto con claridad la base legal internacional que sustenta la acción militar. Washington no ha detallado aún cuáles serían los argumentos formales ante instancias multilaterales para justificar una operación de esta naturaleza en un Estado soberano, un aspecto que ha generado debate entre expertos en derecho internacional.

En Venezuela, la situación política interna continúa marcada por la incertidumbre. No se ha definido de manera transparente qué mecanismos de poder permanecen activos, quién ejerce el control efectivo del aparato del Estado ni cómo se está gestionando la transición tras la captura de las principales figuras del Ejecutivo. La falta de información verificable sobre la gobernabilidad del país mantiene en suspenso a actores internos y externos.

A ello se suma la ausencia de datos oficiales sobre los daños materiales ocasionados por la operación y las posibles responsabilidades derivadas de afectaciones a infraestructura civil y zonas residenciales. Hasta ahora no se ha presentado un informe independiente o gubernamental que permita dimensionar el alcance de esas afectaciones.

Finalmente, sigue sin definirse con precisión el objetivo estratégico de Estados Unidos tras la captura. No está claro si se trata de una acción estrictamente judicial o de un movimiento con implicaciones más amplias para el futuro político y económico de Venezuela, así como para el equilibrio geopolítico en la región.

A treinta días de los hechos, el silencio oficial y las versiones parciales mantienen abierto un escenario de dudas. La ausencia de explicaciones detalladas y verificables refuerza la percepción de que, más allá del impacto inicial, los aspectos esenciales de la operación continúan sin ser plenamente esclarecidos.

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