El Gobierno de Cuba volvió a señalar a Estados Unidos como responsable de alteraciones técnicas en la región Caribeña, al asegurar que ha detectado una “actividad electromagnética inusual” vinculada al reciente aumento del despliegue militar estadounidense. Según las autoridades cubanas, estas supuestas interferencias afectarían directamente las comunicaciones en el espacio aéreo de Venezuela, país que mantiene una estrecha alianza con La Habana.
El ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, utilizó su cuenta en la red social X para advertir que estas anomalías serían parte de una estrategia de “presión política y militar” destinada a debilitar al gobierno venezolano. A criterio de la cancillería cubana, la presencia creciente de buques y aeronaves estadounidenses en el Caribe constituye un riesgo para la estabilidad regional y un claro mensaje de confrontación.
La reacción del gobierno cubano tiene lugar en un momento particularmente sensible, marcado por la fragilidad económica de la isla y su fuerte dependencia de la cooperación con Caracas. La alianza con el chavismo continúa siendo fundamental para sostener el suministro de petróleo y mantener acuerdos de apoyo mutuo en foros internacionales; por ello, cualquier señal que Cuba interprete como amenaza hacia su socio estratégico provoca una respuesta inmediata.
En los últimos meses, La Habana ha intensificado su discurso de alerta ante la actividad militar de Washington, integrando estas denuncias dentro de su narrativa tradicional de resistencia ante el poder estadounidense. La acusación de interferencias electromagnéticas se convierte así en un elemento más dentro de ese marco político, pese a que no se han presentado estudios independientes que corroboren la denuncia.
Mientras tanto, gobiernos del Caribe y analistas especializados observan el incremento de operaciones militares estadounidenses con cautela. Aunque reconocen el aumento del movimiento naval y aéreo en la región, no han respaldado explícitamente las afirmaciones del gobierno cubano. Para muchos observadores, la postura de La Habana busca reafirmar liderazgo regional y defender a un aliado que resulta esencial para su supervivencia económica.
Cuba, por su parte, sostiene que continuará denunciando cualquier acción que considere una amenaza a la soberanía regional o a la estabilidad de sus aliados.
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