Una farmacia administrada por actores privados abrió sus puertas en el municipio de Regla, en La Habana, en momentos en que conseguir medicamentos continúa siendo uno de los principales problemas cotidianos para miles de familias cubanas.
El negocio comenzó a funcionar tras los cambios regulatorios que permiten una participación limitada del sector no estatal en determinadas actividades farmacéuticas, siempre bajo autorización y control de las autoridades sanitarias.
Imágenes divulgadas en redes sociales por Preval Official y EstevezCuba muestran parte de la oferta disponible y explicaciones de empleados del establecimiento, quienes aseguran que comercializan medicamentos, productos naturales y otros artículos relacionados con la salud. También indicaron que, en situaciones específicas, realizan entregas sin costo a personas vulnerables.



Uno de los ejemplos que ha llamado la atención es el precio de la cefalexina pediátrica, ofertada en 2.000 pesos cubanos, una cantidad significativa en un país donde buena parte de los trabajadores y jubilados perciben ingresos que apenas alcanzan para cubrir necesidades básicas.
La aparición de este tipo de establecimiento supone un cambio importante respecto al modelo que predominó durante décadas en Cuba, donde la venta formal de medicamentos estuvo prácticamente concentrada en manos del Estado. La apertura al sector privado llega precisamente cuando la red pública atraviesa una prolongada crisis de abastecimiento.
En numerosas provincias, pacientes y familiares denuncian de manera recurrente dificultades para encontrar antibióticos, analgésicos, medicamentos para enfermedades crónicas y otros productos esenciales. Esa situación ha obligado a muchas personas a recurrir a familiares en el extranjero, grupos de intercambio, redes informales o compras a precios elevados.
Aunque la entrada de negocios privados podría ampliar la disponibilidad de determinados productos, también plantea una preocupación evidente: que el acceso a medicamentos dependa cada vez más de cuánto dinero tenga cada paciente.
Para una persona con ingresos bajos, encontrar un medicamento en una farmacia privada no significa necesariamente poder comprarlo. De esta forma, la escasez podría transformarse en un problema distinto, donde algunos productos estén disponibles, pero fuera del alcance económico de una parte importante de la población.
Las recientes autorizaciones para que actores no estatales participen en determinados servicios farmacéuticos reflejan hasta qué punto las autoridades cubanas han tenido que modificar un esquema que durante años estuvo fuertemente centralizado.
La apertura de esta farmacia en Regla no resuelve por sí sola la crisis de medicamentos, pero sí constituye una señal de los cambios que comienzan a producirse en un sector especialmente sensible. El reto será determinar si esta nueva fórmula consigue mejorar realmente el acceso de los pacientes o si termina creando una división más profunda entre quienes pueden pagar y quienes continúan dependiendo de una red estatal con frecuentes carencias.
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