Estados Unidos mantiene vigilancia sobre buque sancionado que cambia de registro y pasa a bandera rusa

El buque petrolero Bella 1, previamente sancionado por Estados Unidos por su presunta implicación en esquemas de evasión de sanciones internacionales, ha sido recientemente reabanderado y registrado en la Federación de Rusia, una maniobra que Washington observa con cautela y escepticismo, según fuentes del sector marítimo y diplomático.

De acuerdo con información disponible, la embarcación fue inscrita en los registros marítimos rusos del puerto de Sochi, donde cambió su nombre a “Marinera”, así como su número identificativo y pabellón. Con esta acción administrativa, el buque pasó formalmente a figurar como nave rusa, bajo jurisdicción de Moscú.

Autoridades estadounidenses consideran que este tipo de cambios de registro y nombre constituye una estrategia recurrente para intentar eludir sanciones y diluir responsabilidades previas, una práctica que Washington ha denunciado en reiteradas ocasiones en el marco del control del comercio energético global. Funcionarios consultados subrayan que el reabanderamiento no elimina automáticamente el historial del buque ni las investigaciones en curso, y que Estados Unidos conserva herramientas legales y diplomáticas para seguir monitoreando actividades que considere irregulares.

El Bella 1 había sido objeto de seguimiento naval por parte de fuerzas estadounidenses en el contexto de la aplicación de sanciones, acciones que Washington justifica como parte de sus esfuerzos por hacer cumplir el derecho internacional, frenar el comercio ilícito de hidrocarburos y proteger la seguridad marítima. Desde esta perspectiva, Estados Unidos sostiene que sus actuaciones no constituyen hostigamiento, sino medidas de supervisión legítimas frente a buques vinculados a redes opacas de transporte de petróleo.

Tras el cambio de estatus, Rusia habría comunicado a Estados Unidos que la nave se encuentra ahora bajo su autoridad y que no debe ser objeto de nuevas interdicciones. No obstante, analistas señalan que Washington no reconoce automáticamente estas maniobras como un blindaje jurídico, especialmente cuando existen antecedentes de sanciones y sospechas de actividades destinadas a evadir controles internacionales.

Hasta el momento, Estados Unidos no ha anunciado cambios en su política respecto al caso, pero fuentes cercanas al gobierno indican que el seguimiento continuará por vías legales, diplomáticas y de inteligencia marítima. El episodio vuelve a poner de relieve el pulso entre Washington y Moscú en torno al cumplimiento de sanciones, el transporte energético y el uso del sistema marítimo internacional para sortear restricciones.

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