El portaaviones USS Gerald R. Ford, la pieza más avanzada de la Marina estadounidense, arribó este domingo al Mar Caribe en un movimiento que marca el mayor despliegue militar norteamericano en la zona en décadas y que eleva el nivel de tensión en torno a Venezuela. Aunque Washington sostiene que se trata de un operativo antidrogas, especialistas consideran que la presencia del buque también envía un mensaje político directo al gobierno de Nicolás Maduro.
La Marina confirmó que el grupo de ataque del Ford —integrado por destructores equipados con misiles guiados y escuadrones de combate— transitó el Paso de Anegada, cerca de las Islas Vírgenes Británicas. Con esta maniobra, Estados Unidos suma alrededor de 12.000 efectivos y casi una docena de embarcaciones en el marco de la operación denominada “Lanza del Sur”. Una presencia de tal magnitud no se observaba en la región desde hace generaciones.
De acuerdo con el contralmirante Paul Lanzilotta, la misión tiene como objetivo “proteger la seguridad del Hemisferio Occidental frente al narcoterrorismo”. Desde septiembre, el Gobierno de Trump asegura haber realizado ataques contra embarcaciones señaladas como parte de redes de tráfico, aunque hasta ahora no ha presentado pruebas públicas que respalden estas afirmaciones. La ausencia de información verificable ha generado cuestionamientos de analistas, organizaciones internacionales y legisladores estadounidenses que reclaman mayor transparencia.
La llegada del portaaviones también intensifica la presión diplomática y militar sobre Caracas. Desde Washington, el secretario de Estado Marco Rubio reiteró que Estados Unidos no reconoce a Maduro, mientras el mandatario venezolano acusa a la Casa Blanca de intentar “fabricar” un conflicto. Ante este escenario, el Gobierno venezolano ha promovido ejercicios militares internos y movilizaciones civiles como respuesta.
En el ámbito legislativo, el debate continúa abierto. Un grupo de congresistas —incluyendo figuras del propio Partido Republicano— ha solicitado mayor claridad sobre la base legal de los operativos, aunque el Senado rechazó recientemente limitar la autoridad presidencial para ordenar acciones militares sin autorización previa del Congreso.
La presencia del USS Gerald R. Ford, un buque de más de 100.000 toneladas, es interpretada como un mensaje contundente. Para analistas regionales, simboliza el retorno del poder militar estadounidense a Latinoamérica y genera preocupación en varios países que observan con cautela los posibles escenarios de escalada.
El despliegue permanece activo y sujeto a vigilancia internacional, mientras la región sigue de cerca los próximos pasos de Washington y el impacto que esta operación puede tener en la estabilidad del Caribe y de Sudamérica.
Según reporta The Associated Press (AP).
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