Díaz-Canel anuncia nuevas reformas económicas ¿llegan demasiado tarde?

El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel adelantó que su administración prepara un paquete de reformas económicas que incluiría la apertura a nuevos actores en sectores como el turismo, la posibilidad de realizar importaciones y exportaciones de forma directa, una reducción del aparato estatal y cambios destinados a incentivar la producción y la inversión.

Sobre el papel, las medidas representan una flexibilización de políticas que durante años estuvieron fuertemente restringidas. Sin embargo, el principal desafío podría no ser anunciar las reformas, sino recuperar la confianza de quienes tendrían que invertir bajo las nuevas reglas.

Durante la última década, la economía cubana ha experimentado varias transformaciones que fueron presentadas como soluciones estructurales y que posteriormente generaron fuertes críticas por sus resultados. Entre ellas destaca la llamada «Tarea Ordenamiento», una reforma monetaria y salarial que terminó provocando un acelerado proceso inflacionario y una pérdida significativa del poder adquisitivo de la población.

A ello se suman los sucesivos cambios en los esquemas cambiarios, la creación y modificación de distintos mecanismos para el acceso a divisas y la constante variación de las reglas para el sector privado y la inversión. Estos antecedentes han generado incertidumbre entre empresarios e inversionistas, que observan con cautela cualquier nuevo anuncio.

Las propuestas adelantadas por Díaz-Canel también contemplan eliminar actividades económicas actualmente prohibidas, entregar tierras a productores que puedan explotarlas de manera eficiente y permitir la participación de nuevos actores en la generación de energía, además de incentivar la movilidad eléctrica.

No obstante, numerosos analistas consideran que la estabilidad jurídica y la previsibilidad de las políticas económicas son factores determinantes para atraer capital, más allá de la simple flexibilización de normas. Cuando las reglas cambian con frecuencia o las reformas anteriores no alcanzan los objetivos anunciados, la percepción de riesgo suele aumentar.

Por ello, la gran incógnita no es únicamente cuáles serán las nuevas medidas, sino si estas llegarán a tiempo para revertir el escepticismo existente. Después de varios procesos de reforma que no lograron los resultados esperados, muchos potenciales inversionistas podrían optar por esperar a ver cómo se implementan estos cambios antes de comprometer recursos en la isla.

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