Desarticulan red de robo de cilindros de gas en Camagüey en medio de una delincuencia cada vez más descontrolada

La Policía Nacional Revolucionaria informó sobre la desarticulación de una presunta red dedicada al robo de cilindros de gas licuado en la planta provincial de Camagüey, un nuevo caso que refleja el deterioro de la seguridad ciudadana y la expansión de negocios ilegales alrededor de productos básicos cada vez más escasos en Cuba.

Según la información divulgada por páginas oficiales, trabajadores de la propia instalación habrían actuado en coordinación con personas externas para sustraer las llamadas “balitas” de gas durante el horario diurno.

Los involucrados presuntamente aprovechaban la entrada y salida habitual de vehículos para camuflar los cilindros robados entre los recipientes transportados legalmente, lo que plantea serias dudas sobre los controles internos de la planta y sobre cuánto tiempo pudo funcionar la operación sin ser detectada.

Durante el operativo, realizado en el consejo popular Garrido-Caridad, los agentes localizaron varios cilindros escondidos entre la maleza, aproximadamente a un kilómetro de la planta.

Las publicaciones oficiales presentan el procedimiento como un “golpe certero” de la Policía contra la delincuencia. Sin embargo, la información deja preguntas importantes sin responder: no se ha precisado cuántas personas fueron detenidas, cuántos cilindros fueron sustraídos, durante cuánto tiempo operó la red ni cómo fue posible que trabajadores retiraran recursos de una instalación estatal sin que los mecanismos de vigilancia reaccionaran antes.

El caso no puede reducirse a una felicitación propagandística a las autoridades. La existencia de una red presuntamente integrada por empleados de la propia planta evidencia fallas graves de supervisión, complicidad interna y una respuesta policial que, como ocurre con frecuencia, parece llegar solamente después de que el delito se ha extendido.

Mientras la población enfrenta meses de escasez, apagones prolongados y enormes dificultades para cocinar, los cilindros de gas se venden en el mercado informal a precios que pueden superar los 50.000 pesos cubanos, una cifra imposible de pagar para gran parte de las familias.

Hace pocos días también trascendió la denuncia de una familia que aseguró haber comprado por esa cantidad una balita que contenía principalmente agua y apenas una pequeña porción de gas. Los vendedores habrían utilizado el líquido para simular el peso normal del cilindro y engañar a los compradores.

La manipulación de estos recipientes no constituye únicamente una estafa. Introducir agua o alterar un cilindro destinado a almacenar combustible puede provocar averías, fugas o accidentes graves dentro de las viviendas.

Aunque hasta el momento no existen pruebas públicas que vinculen directamente ese fraude con la red detectada en Camagüey, ambos casos muestran un patrón alarmante: el robo, la adulteración y la reventa de productos esenciales se han convertido en negocios lucrativos en medio de la crisis económica.

La delincuencia no aparece de manera aislada. Crece donde existen desabastecimiento, falta de vigilancia, corrupción administrativa e impunidad. En este caso, las autoridades deberán aclarar si los cilindros robados terminaron en el mercado informal, si fueron adulterados y si existían más funcionarios o trabajadores implicados.

La Policía también debe explicar por qué estas redes logran operar durante periodos prolongados antes de ser descubiertas. Los operativos posteriores y las publicaciones de reconocimiento no sustituyen la prevención ni compensan la inacción frente a una criminalidad que afecta directamente a la población.

En Cuba se anuncian con frecuencia detenciones y decomisos, pero rara vez se ofrecen balances transparentes sobre las investigaciones, las sanciones impuestas o la responsabilidad de los directivos encargados de custodiar los recursos.

La recuperación de algunos cilindros resulta insuficiente ante un problema mucho más profundo. La ciudadanía necesita seguridad, controles efectivos y explicaciones, no solamente consignas que presenten como una victoria excepcional lo que debería ser el funcionamiento cotidiano de las instituciones.

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