Denuncian robo de equipaje en el aeropuerto José Martí y falta de respuesta institucional

Un pasajero cubano denunció públicamente haber sido víctima de un robo en su equipaje en el Aeropuerto Internacional José Martí, tras viajar en un vuelo con destino a Madrid el pasado 28 de enero de 2026. El afectado, Edgardo Ramírez Pérez, asegura que, pese a presentar la reclamación por múltiples vías oficiales en Cuba, no ha recibido respuesta alguna de las autoridades competentes.

Según su testimonio, Ramírez Pérez abordó el vuelo 2W1506 de la aerolínea World2Fly en un estado de salud delicado, con fuertes dolores articulares y síntomas compatibles con chikungunya, lo que le impidió sostener su equipaje de mano durante el proceso de check-in. A petición suya, el personal del aeropuerto autorizó que dicho equipaje fuera enviado por bodega, ante la imposibilidad física de transportarlo consigo.

El pasajero explica que en la terminal no estaba disponible el servicio de wrapping para proteger el equipaje y que, durante una demora de aproximadamente tres horas del vuelo, se produjeron además fallos parciales de iluminaciónen la zona, un incidente que, según relata, incluso sorprendió a los propios trabajadores del aeropuerto. Fue en ese lapso cuando, presuntamente, se habría producido la sustracción.

A su llegada a Madrid, Ramírez Pérez constató la desaparición de una computadora portátil, un disco duro externo con recuerdos familiares, así como otros accesorios, señalando que todos los compartimentos de la maleta habían sido abiertos. La rapidez en la entrega del equipaje en destino contrastó, según afirma, con la situación vivida en La Habana.

El denunciante asegura haber enviado decenas de correos electrónicos a direcciones oficiales vinculadas al aeropuerto y al Ministerio del Interior, sin obtener respuesta. En contraste, destaca que la aerolínea World2Fly atendió la reclamación de manera inmediata, iniciando el proceso formal poco después de su llegada a España.

El caso ha generado preocupación entre viajeros frecuentes, al producirse —según el propio afectado— en un entorno altamente controlado, donde la responsabilidad recaería en un número reducido de trabajadores vinculados al escáner y la manipulación de equipaje. La ausencia de una respuesta institucional, añade, agrava la sensación de indefensión del pasajero.

Más allá del perjuicio material, Ramírez Pérez subraya el valor sentimental y profesional de los objetos sustraídos y cuestiona el impacto que este tipo de hechos tiene sobre la imagen del principal aeropuerto del país. Su denuncia concluye con un llamado de advertencia a otros viajeros para que extremen precauciones y compartan experiencias similares ante la falta de canales efectivos de respuesta.

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