Déficit eléctrico en Cuba supera el 50% y agrava la parálisis nacional

La crisis energética en Cuba alcanzó este 4 de abril de 2026 un nivel crítico, con una afectación prevista de 1.570 MWfrente a una demanda de 3.000 MW, según datos oficiales de la Unión Eléctrica (UNE), lo que confirma que más de la mitad del país permanece sin servicio en los horarios de mayor consumo.

El parte oficial reconoce que el sistema eléctrico nacional opera sin capacidad de respuesta estable. Durante la jornada anterior, el servicio estuvo afectado durante las 24 horas, con una afectación máxima de 1.712 MW en horario nocturno, superando incluso los pronósticos. Este comportamiento evidencia que la crisis ha dejado de ser coyuntural para convertirse en un problema estructural.

El deterioro del sistema responde a múltiples factores acumulados. Permanecen fuera de servicio por averías unidades clave como la termoeléctrica de Felton, mientras otras instalaciones en Mariel, Renté y Nuevitas continúan en mantenimiento prolongado. A esto se suman limitaciones en la generación térmica cercanas a los 500 MW, agravadas por la escasez de combustible, lo que reduce aún más la capacidad operativa real.

Aunque el gobierno ha impulsado la incorporación de parques solares, su impacto sigue siendo limitado frente al tamaño del déficit. La generación fotovoltaica, que alcanzó niveles relevantes durante el día, no logra compensar la caída estructural del sistema ni cubrir la demanda en horario nocturno, cuando se registran las mayores afectaciones.

En la práctica, la crisis ha derivado en un escenario de parálisis progresiva del país. Los apagones prolongados afectan la conservación de alimentos, interrumpen el acceso al agua en muchas zonas, debilitan las comunicaciones y frenan la actividad económica. En varias provincias del interior, los reportes ciudadanos describen cortes que superan las 20 horas diarias, reflejando un deterioro aún más severo fuera de la capital.

El impacto social también se intensifica. La incertidumbre sobre el servicio eléctrico se ha convertido en un factor cotidiano que condiciona la vida de millones de personas. La falta de estabilidad energética limita desde actividades básicas en los hogares hasta el funcionamiento de servicios esenciales, generando un ambiente de creciente tensión.

Con un sistema envejecido, sin reservas operativas y sin señales inmediatas de inversión a gran escala, el panorama energético de Cuba en 2026 apunta a un escenario prolongado de crisis. Los datos actuales no solo reflejan un déficit elevado, sino la incapacidad del sistema para recuperarse en el corto plazo.

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