Decomiso de carbón en Jatibonico provoca indignación en medio de la crisis para cocinar en Cuba

El decomiso de un cargamento de carbón en Jatibonico, provincia de Sancti Spíritus, provocó una oleada de críticas entre residentes que cuestionaron la actuación de las autoridades y recordaron que miles de familias cubanas dependen actualmente de ese combustible para preparar sus alimentos.

Según informó la prensa local, agentes policiales interceptaron un camión procedente de Placetas que transportaba varios sacos de carbón hacia la comunidad de Vigía. La versión publicada sostiene que el producto iba a ser extraído del municipio para revenderlo en otra provincia a un precio superior.

Las autoridades aplicaron multas a las personas implicadas y decomisaron toda la carga. Posteriormente, el carbón habría sido destinado a centros de salud, un hogar materno y una institución para adultos mayores de Jatibonico.

Sin embargo, la publicación no aclaró si el carbón había sido robado, si procedía de tierras estatales o privadas, qué documentación faltaba ni cuál fue exactamente la infracción cometida. Esa ausencia de detalles llevó a numerosos ciudadanos a preguntar cuál era el delito concreto y por qué transportar un producto de una provincia a otra fue presentado como una operación contra la delincuencia.

Lejos de celebrar el decomiso, la mayoría de las reacciones reflejó indignación. Varios usuarios cuestionaron que la Policía concentre recursos en perseguir a quienes comercializan carbón mientras aumentan los robos, la violencia y otros delitos que afectan directamente a la población.

Otros señalaron que el verdadero problema no es el traslado del carbón, sino que en pleno siglo XXI muchas familias cubanas se vean obligadas a cocinar con leña o carbón por la falta de electricidad, gas licuado y combustibles accesibles.

“¿Dónde está el carbón que vende el Estado?” y “¿cuál es el delito?” fueron algunas de las preguntas repetidas en los comentarios. También hubo quienes pusieron en duda que el producto decomisado llegara realmente a los centros sociales anunciados y sospecharon que una parte pudiera terminar en manos de funcionarios o personas vinculadas a las autoridades.

El caso expone una contradicción cada vez más evidente: mientras el Gobierno no garantiza medios estables para cocinar, criminaliza o restringe circuitos informales que, con todas sus irregularidades, se han convertido en una vía de supervivencia para numerosas familias.

La expansión del mercado del carbón no puede entenderse únicamente como un negocio especulativo. También es una consecuencia directa de los apagones prolongados, la escasez de gas y el deterioro del sistema energético. En muchos hogares, el carbón ya no es una alternativa ocasional, sino el único recurso disponible para cocinar.

La prensa oficial presentó la operación con un tono triunfalista y calificó a los agentes como “héroes”. Para buena parte de la población, sin embargo, la supuesta victoria dejó una imagen distinta: la de un Estado incapaz de garantizar energía, pero preparado para decomisar el combustible que algunos ciudadanos producen, transportan o compran para poder alimentarse.

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