El portal oficialista Cubadebate incluyó a La Tijera News entre los medios del exilio cubano que, según su propio análisis, tienen una presencia significativa en la conversación digital sobre Cuba, en un artículo donde vuelve a presentar como “guerra cognitiva” buena parte de la información que escapa al control de los medios estatales.
La publicación, titulada “Laboratorio de guerra cognitiva contra Cuba: Ocho evidencias empíricas”, menciona a La Tijera News en cientos de ocasiones dentro del universo de contenidos estudiado y la coloca junto a otras plataformas que diariamente difunden denuncias, videos y testimonios procedentes de la isla.
Más allá del lenguaje utilizado por Cubadebate, la inclusión puede interpretarse como un reconocimiento involuntario del alcance que han conseguido medios como La Tijera News, especialmente entre cubanos que buscan información distinta a la ofrecida por los canales oficiales.
La reacción del medio estatal también refleja un problema más profundo: durante décadas, el Gobierno cubano ha mantenido un fuerte control sobre la prensa nacional y ha limitado el espacio para medios independientes, periodistas críticos y voces que cuestionen la narrativa institucional.
En ese contexto, calificar como “guerra cognitiva” la publicación de imágenes sobre apagones, escasez de alimentos, falta de medicamentos, deterioro de hospitales, protestas, hechos delictivos o denuncias de ciudadanos corre el riesgo de convertirse en otra forma de desacreditar la información incómoda en lugar de responder a los problemas que la generan.
La Tijera News ha construido buena parte de su audiencia precisamente a partir de materiales enviados por cubanos desde dentro del país. Muchos de esos contenidos muestran situaciones que posteriormente terminan siendo confirmadas por otras fuentes o incluso reconocidas por las propias autoridades.
El verdadero desafío para cualquier sistema informativo no debería ser silenciar o etiquetar a quienes cuestionan al poder, sino permitir que distintas versiones puedan ser contrastadas públicamente.
La censura no elimina los problemas de Cuba ni hace desaparecer las denuncias. En una sociedad cada vez más conectada, intentar controlar qué puede verse, decirse o publicarse resulta además mucho más difícil que en décadas anteriores.
Que Cubadebate dedique tiempo y recursos a medir el impacto de La Tijera News demuestra que estos medios ya forman parte del debate público cubano, aunque el oficialismo prefiera presentarlos como enemigos.
Y mientras existan ciudadanos dispuestos a grabar, denunciar y contar lo que ocurre a su alrededor, será cada vez más difícil reconstruir un monopolio absoluto de la información.
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