Cuba reconoce que se ha quedado sin capacidad para generar electricidad

El viceministro primero de Energía y Minas, Argelio Jesús Abad Vigoa, admitió que Cuba enfrenta un punto crítico en su sistema energético, al declarar que “se nos ha agotado la posibilidad de producir electricidad”, en medio de una crisis que calificó como la más compleja en décadas.

Durante una intervención en La Habana, el funcionario explicó que la isla acumula tres meses sin recibir combustibles clave como diésel, fuel oil, gasolina, turbocombustible y gas licuado, lo que ha dejado sin respaldo a gran parte de la generación eléctrica. Esta situación ha paralizado la llamada generación distribuida, que depende directamente de esos insumos.

El reconocimiento oficial ocurre en un contexto donde el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) registra déficits que superan con frecuencia los 1,500 y hasta 2,000 megavatios en horarios pico, provocando apagones prolongados que en varias provincias exceden las 12 horas diarias, con afectaciones severas a la vida cotidiana y la actividad económica.

El impacto social de la crisis también se ha hecho visible en las calles. En las últimas semanas se han reportado protestas en distintos puntos del país, especialmente en La Habana, donde residentes han salido a reclamar el restablecimiento del servicio eléctrico ante la intensidad y duración de los cortes.

La situación se agrava por factores externos que limitan el acceso a combustible. Un ejemplo reciente es el cambio de ruta del buque Sea Horse, que transportaba diésel de origen ruso y era considerado una posible fuente de alivio para la isla, pero terminó desviándose hacia Trinidad y Tobago. Este giro coincidió con ajustes regulatorios en Estados Unidos que restringen operaciones vinculadas al comercio de crudo ruso hacia destinos como Cuba.

Según datos de monitoreo marítimo, en lo que va de año solo dos petroleros han llegado a puertos cubanos con combustible importado, una cifra insuficiente para sostener el sistema energético. Parte de esa carga es esencial no solo para la generación eléctrica, sino también para el transporte, la agricultura y la cocción de alimentos, lo que amplifica el impacto de la escasez.

El reconocimiento por parte de las autoridades energéticas marca un punto de inflexión en el discurso oficial, al admitir abiertamente una limitación estructural que ya es evidente para la población. La crisis energética en Cuba ha dejado de ser un problema coyuntural para convertirse en un factor central que condiciona la estabilidad económica y social del país.

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