Miles de personas participaron este lunes en la tradicional Marcha de las Antorchas en distintas ciudades de Cuba, en una convocatoria organizada por las autoridades en homenaje a José Martí, en un contexto marcado por una crisis económica y social sin precedentes en la isla.
El acto, encabezado por estructuras oficiales y organizaciones afines al Estado, se desarrolló mientras el país enfrenta apagones prolongados, escasez de combustible, dificultades persistentes en el acceso a alimentos y medicamentos, y un deterioro sostenido del poder adquisitivo de la población. En varias provincias, residentes reportaron interrupciones eléctricas de larga duración incluso en la misma jornada del desfile.
Las imágenes difundidas por medios oficiales mostraron concentraciones organizadas y consignas políticas, presentadas como una demostración de continuidad histórica y respaldo institucional. Sin embargo, fuera del marco del evento, persiste un malestar social reflejado en quejas cotidianas por la inflación, la migración sostenida y las limitadas perspectivas económicas a corto plazo.
Analistas consultados por CubaHerald señalan que la realización de este tipo de movilizaciones en el actual escenario evidencia el contraste entre el discurso oficial y las demandas urgentes de amplios sectores de la población, que priorizan soluciones concretas a la crisis material que atraviesa el país.
Aunque la Marcha de las Antorchas mantiene su carga simbólica dentro del calendario político cubano, su desarrollo este año vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la capacidad del Estado para responder a los desafíos económicos y sociales que afectan de manera directa la vida diaria de los ciudadanos.
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