Cuba cierra 2025 sumida en uno de los años más difíciles de su historia reciente

La Isla despide el año 2025 bajo un clima de agotamiento social, económico y emocional. La combinación de apagones prolongadosencarecimiento acelerado del costo de vidamigración masiva, deterioro de servicios básicos y un aumento en la percepción de inseguridad ciudadana marcó la agenda de estos doce meses, perfilando un período ampliamente descrito por la población como “el año del colapso”.

El país atravesó escenarios críticos en infraestructuras esenciales. El Sistema Eléctrico Nacional enfrentó niveles de tensión sin precedentes, con cortes simultáneos que superaron el 50% del territorio en varios momentos del año. Este fenómeno afectó hogares, producción, hospitales y centros educativos, dejando a miles de familias dependiendo únicamente de velas, linternas y generadores privados cuando estos existían.

En el plano económico, el deterioro se acentuó. La escasez de combustible, alimentos y medicamentos continuó formando parte de la rutina diaria. La dependencia creciente de remesas, envíos privados y economías informales sustituyó, en muchos casos, al rol del salario estatal, debilitado por una inflación que sobrepasó la capacidad adquisitiva del ciudadano promedio. A pesar de discursos oficiales sobre recuperación, el año terminó sin anuncios de reformas de alcance y con señales continuas de contracción productiva.

La migración volvió a ser uno de los rasgos definitorios de la nación. Miles de cubanos emprendieron viajes hacia Estados Unidos y otros destinos, utilizando rutas que abarcan desde aeropuertos hasta selvas y fronteras terrestres. Las consecuencias sociales fueron visibles: viviendas vacías, aulas con menos estudiantes, y familias fragmentadas que sostienen vínculos principalmente a través de envíos y videollamadas.

El tejido de seguridad pública también experimentó desgaste. La ciudadanía reportó con mayor frecuencia sucesos relacionados con robos, agresiones y homicidios, amplificados por la difusión inmediata en redes sociales. Aunque las cifras oficiales no siempre reflejan estos episodios, la percepción generalizada entre la población es que 2025 registró un incremento en episodios violentos y en la sensación de desprotección.

Los servicios básicos —agua, transporte, salud, telefonía e internet— atravesaron igualmente un año complejo, con interrupciones constantes y escasez de insumos. La atención primaria de salud quedó marcada por la falta de recursos, con ciudadanos recurriendo a compras informales y grupos comunitarios para obtener medicamentos esenciales.

En medio de este panorama, fueron las redes familiares, religiosas y vecinales las que asumieron un rol fundamental. Iniciativas espontáneas de apoyo mutuo, donaciones desde el exterior y organización comunitaria aportaron alivio donde las estructuras oficiales no lograron llegar o lo hicieron de forma insuficiente.

El cierre de 2025 deja un país más cansado y disminuido demográficamente, pero también uno donde permanece vigente un sentido de resistencia cotidiana. La mirada hacia 2026 está marcada por expectativas moderadas, dudas sobre posibles cambios y una certeza generalizada: para millones de cubanos, la prioridad sigue siendo simplemente lograr sobrevivir un día más.

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