La reciente emisión del NOTAM A0596/26, fechado el 10 de febrero de 2026, junto a la paralización de varias operaciones aéreas vinculadas a Conviasa, ha reavivado interrogantes sobre la estabilidad del transporte aéreo entre Cuba y Venezuela, en un contexto marcado por la crisis de combustible de aviación que afecta a la isla y por señales de posibles reajustes en la cooperación bilateral.
Aunque las autoridades aeronáuticas han insistido en que la reducción de vuelos responde principalmente a la escasez de combustible Jet A-1, diversas fuentes del sector sostienen que la situación podría estar influida también por factores financieros y políticos aún no aclarados públicamente. La suspensión de rutas clave ha impactado tanto el flujo turístico como el movimiento migratorio regional, especialmente en trayectos asociados a conexiones hacia Nicaragua y otros destinos latinoamericanos.
Paralelamente, han circulado reportes no confirmados oficialmente sobre la situación del Embraer Lineage 1000 matrícula YV3016, aeronave vinculada a Conviasa que durante años ha sido utilizada en desplazamientos oficiales y operaciones especiales. Algunas versiones apuntan a una solicitud de retorno inmediato por parte de Caracas, lo que, de confirmarse, reflejaría ajustes en la cooperación logística entre ambos países. Sin embargo, hasta el momento no existe confirmación pública verificable sobre esa decisión.
La interrupción de vuelos también coincide con un deterioro más amplio del sector energético cubano. Expertos consultados señalan que la disminución de suministros petroleros, las dificultades financieras para importaciones y las sanciones internacionales han reducido la disponibilidad de combustible, afectando transporte terrestre, generación eléctrica y aviación civil. Este escenario impacta directamente la recuperación turística, una de las principales fuentes de divisas para la economía nacional.
Analistas regionales consideran que la relación entre La Habana y Caracas atraviesa una etapa de reajuste pragmático más que de ruptura abierta. Ambos gobiernos mantienen vínculos estratégicos históricos, pero la presión económica interna en Venezuela y las limitaciones financieras en Cuba obligan a revisar subsidios, acuerdos energéticos y cooperación logística.
En términos económicos, la eventual reducción sostenida de vuelos asociados al llamado turismo de compras y a las rutas migratorias podría traducirse en menores ingresos para el sector servicios y en un incremento de la presión social interna, especialmente en un contexto donde la movilidad internacional se ha convertido en una válvula económica relevante para miles de familias.
Por ahora, la información disponible apunta a una combinación de crisis energética real, ajustes operativos y posibles negociaciones políticas en curso. La evolución de los próximos meses será clave para determinar si se trata de una contingencia temporal o de un cambio estructural en la relación aérea y económica entre Cuba y Venezuela.
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