CARACAS.— China ha intensificado sus gestiones diplomáticas y financieras para exigir a Venezuela el pago inmediato de una deuda estimada entre 10.000 y 20.000 millones de dólares, contraída principalmente a través de préstamos otorgados durante las últimas dos décadas, en especial bajo los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
De acuerdo con fuentes financieras citadas por Bloomberg, tanto el gobierno chino como bancos estatales de ese país han iniciado contactos con altos funcionarios venezolanos y estadounidenses ante la falta de claridad sobre quién asumirá la responsabilidad de esos compromisos, tras la reciente captura de Maduro por parte de Estados Unidos y el cambio en la estructura de poder en Caracas.
La deuda forma parte de un amplio esquema de financiamiento respaldado por petróleo, que convirtió durante años a Pekín en uno de los principales acreedores de Venezuela. Se estima que China concedió más de 60.000 millones de dólares en préstamos desde 2007, muchos de ellos garantizados mediante envíos de crudo. Sin embargo, el desplome de la producción petrolera y la prolongada crisis fiscal llevaron a Venezuela a entrar en un impago parcial desde 2017, además de dejar de publicar datos oficiales sobre su endeudamiento externo.
En el contexto actual, China estaría presionando para participar en cualquier proceso de reestructuración de la deuda, ya sea con un eventual gobierno de transición venezolano o en coordinación con otros actores internacionales, con el objetivo de proteger sus intereses financieros y reducir el riesgo de pérdidas.
Desde Pekín se ha reiterado que la relación con Venezuela se basa en el principio de cooperación entre Estados soberanos y que continuará el trabajo conjunto en áreas de interés mutuo. No obstante, analistas internacionales señalan que el énfasis chino parece centrarse ahora en la recuperación o renegociación de las sumas adeudadas, más que en asegurar el suministro energético, dado que China podría sustituir el crudo venezolano por importaciones de otros mercados sin un impacto significativo en su matriz energética.
El reclamo chino se produce en un escenario regional marcado por tensiones geopolíticas tras la operación estadounidense en Venezuela. Según análisis citados por Reuters, una de las lecturas estratégicas en Washington es que la captura de Maduro envió un mensaje directo a Pekín sobre los límites de su influencia en el hemisferio occidental.
Para Caracas, la presión de China añade una nueva capa de complejidad a una coyuntura ya delicada. El país no solo enfrenta los efectos políticos y económicos derivados de la salida de Maduro del poder, sino también la necesidad de responder a compromisos financieros acumulados durante años de estrecha relación con el gigante asiático.
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