Una escena ocurrida en La Habana se volvió viral este abril de 2026, luego de que varias personas se lanzaran al tráfico en la intersección de Monte y Belascoaín, en Cuatro Caminos, para intentar atrapar un pollo que se había escapado, generando una situación de alto riesgo en plena vía pública.
Testigos captaron el momento en que uno de los implicados gritaba “¡cógelo, cógelo!” mientras corría detrás del animal, sin medir el peligro de los vehículos en circulación. Durante varios segundos, peatones invadieron la calzada, obligando a conductores a frenar bruscamente y aumentando el riesgo de un accidente.
El episodio, aunque percibido por muchos como anecdótico o incluso humorístico en redes sociales, expone una realidad más profunda. En el contexto actual de escasez de alimentos en Cuba, perder un producto como un pollo —difícil de conseguir y de alto valor para muchas familias— puede convertirse en una urgencia inmediata.
La escena refleja hasta qué punto la crisis económica condiciona el comportamiento cotidiano. Lo que en otro contexto sería un incidente menor, en la Cuba actual adquiere una dimensión distinta, donde el acceso limitado a alimentos básicos transforma situaciones comunes en episodios de tensión.
El hecho también pone en evidencia los riesgos asociados a estas reacciones. La desesperación por recuperar un recurso escaso puede llevar a decisiones impulsivas que comprometen la seguridad personal y colectiva, especialmente en zonas de alto tráfico como el entorno de Cuatro Caminos.
Más allá de lo viral, el incidente deja una lectura clara: la crisis no solo se mide en cifras, sino en comportamientos que reflejan la presión constante sobre la vida diaria de los ciudadanos.
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