La llegada del tanquero Sandino, de bandera cubana, al puerto de Matanzas el pasado 7 de febrero de 2026 ha generado expectativas en medio de la persistente crisis energética que atraviesa el país, caracterizada por apagones prolongados, escasez de combustible y dificultades en el transporte y la generación eléctrica.
De acuerdo con los datos disponibles, la embarcación transporta alrededor de 400,000 barriles de combustible, con estimaciones que oscilan entre 390,000 y 410,000 barriles. El buque atracó en la Base de Supertanqueros de Matanzas, instalación estratégica que posee la mayor capacidad de almacenamiento de hidrocarburos en Cuba y que desempeña un papel clave en la logística energética nacional.
Fuentes vinculadas al sector energético señalan que parte de este combustible estaría siendo redistribuido hacia la refinería de Cienfuegos mediante otros tanqueros, en un intento por aliviar la presión sobre el sistema eléctrico y estabilizar el suministro en distintas regiones del país. Esta operación sugiere un esfuerzo de reorganización logística ante la persistente escasez que ha impactado tanto la generación eléctrica como el transporte y la actividad económica.
Sin embargo, especialistas advierten que un cargamento de estas dimensiones, aunque significativo, difícilmente resuelve de forma estructural la crisis energética cubana, la cual responde a factores más amplios, entre ellos limitaciones financieras para importar combustible, deterioro de la infraestructura energética y tensiones geopolíticas que inciden en el acceso a suministros petroleros.
El arribo del Sandino podría ofrecer un respiro temporal en algunos sectores, especialmente si la distribución se realiza de manera eficiente, pero el panorama general continúa marcado por incertidumbre. En los últimos meses, las fluctuaciones en el abastecimiento han provocado interrupciones eléctricas frecuentes y afectaciones en la vida cotidiana, lo que mantiene la atención pública centrada en cualquier movimiento relacionado con el suministro de combustible.
Por ahora, el impacto real de esta operación dependerá de la capacidad de almacenamiento, refinación y distribución interna, así como de la eventual llegada de nuevos cargamentos que permitan sostener un flujo energético más estable. Mientras tanto, la población y el sector productivo siguen atentos a señales concretas que indiquen una mejoría duradera.
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