El Ministerio de Transporte de Cuba anunció un conjunto de ajustes significativos en los servicios nacionales como respuesta a la escasez de combustible y las dificultades energéticas que atraviesa el país. Las medidas, explicadas por el ministro Eduardo Rodríguez Dávila en comparecencia televisiva, implican una reducción notable en la frecuencia de trenes, ómnibus y transporte marítimo, aunque se mantienen operativos los aeropuertos, puertos y vuelos nacionales e internacionales.
Entre los cambios más relevantes destaca la reorganización del transporte interprovincial en ómnibus. A partir de ahora se realizará una sola salida diaria hacia cada cabecera provincial, excepto Pinar del Río, que conservará dos frecuencias. También se estableció una salida hacia Baracoa en días alternos. Paralelamente, gran parte de los servicios nacionales y locales quedaron suspendidos, manteniéndose solo algunos sistemas intermodales vinculados al ferrocarril en zonas específicas como Baracoa, Nicaro y Pilón.
El sistema ferroviario también experimentará restricciones importantes. Los trenes nacionales pasarán a operar con una frecuencia aproximada de una salida cada ocho días por destino, lo que reduce considerablemente la disponibilidad habitual de este medio, tradicionalmente clave para viajes largos dentro de la isla. En el transporte marítimo interno, el ferry Batabanó–Nueva Gerona operará solo dos veces por semana.
Otras medidas incluyen la suspensión temporal de las listas de espera de pasajes, el cierre de servicios de “última hora” en terminales y la devolución del 100 % del importe a quienes decidan cancelar viajes afectados por estas disposiciones. Asimismo, se anunció la concentración de actividades administrativas para disminuir el consumo energético y la priorización del combustible en sectores considerados esenciales, como la producción de alimentos y el abastecimiento de agua.
Aunque el Gobierno presenta estos ajustes como necesarios para garantizar servicios básicos, la reacción ciudadana ha sido mayoritariamente crítica. Muchos cubanos consideran que las restricciones evidencian el deterioro sostenido de la infraestructura energética y del transporte, con impacto directo en la vida cotidiana, la movilidad laboral y la actividad económica. Para una parte creciente de la población, estas medidas se perciben como soluciones temporales que no abordan el problema estructural de fondo.
El panorama del transporte en Cuba continúa condicionado por la disponibilidad de combustible, la situación económica interna y las tensiones internacionales, factores que seguirán determinando la movilidad en el país en los próximos meses.
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