Obispos católicos de Cuba alertan sobre el agravamiento de la crisis y llaman a cambios urgentes sin violencia

La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba difundió un mensaje dirigido a todos los cubanos de buena voluntad en el que expresa su preocupación por el deterioro acelerado de la situación económica y social del país, y advierte sobre el riesgo real de un escenario de tensión social y violencia, con especial impacto en los sectores más vulnerables.

En el documento, los obispos recuerdan que ya habían señalado la necesidad de ir más allá del análisis de los problemasy avanzar hacia cambios estructurales, sociales, económicos y políticos que permitan modificar el rumbo actual. Subrayan que el reclamo por transformaciones es generalizado y que corresponde, sobre todo, a quienes tienen mayores responsabilidades de decisión actuar en función del bien común.

El mensaje reconoce que, lejos de mejorar, la situación se ha agravado en los últimos meses, incrementando la angustia y la desesperanza entre la población. Los prelados advierten que recientes informaciones relacionadas con el suministro energético, en particular la posible interrupción total de la entrada de petróleo, disparan las alarmas y podrían tener consecuencias especialmente severas para los menos favorecidos.

Los obispos hacen un llamado explícito a evitar la violencia, afirmando que Cuba no necesita más dolor ni enfrentamientos entre sus propios ciudadanos. Insisten en que las transformaciones necesarias deben realizarse sin aumentar el sufrimiento de los pobres, los ancianos, los enfermos y los niños, sectores que ya soportan una carga desproporcionada de la crisis.

El texto retoma reflexiones de San Juan Pablo II durante su visita a Cuba en 1998, al recordar que el aislamiento y las tensiones externas repercuten de manera indiscriminada sobre la población, agravando dificultades básicas como la alimentación, la salud y la educación. En ese contexto, los obispos valoran positivamente los gestos de solidaridad internacional recientes hacia la isla.

Asimismo, reiteran la posición constante de la Santa Sede, que defiende el diálogo y la diplomacia como vías para resolver conflictos entre gobiernos, en contraposición a la coerción o la confrontación. Señalan que los desacuerdos externos no deben justificar restricciones internas que afecten la dignidad humana ni el ejercicio de las libertades fundamentales.

En uno de los pasajes centrales, el mensaje insiste en la necesidad de que Cuba se abra a su propio pueblo, sin exclusiones ni políticas que favorezcan solo a determinados sectores. Los obispos sostienen que el bien del país debe situarse por encima de los intereses de parte y evocan el ideario de José Martí, en particular su aspiración de una nación construida “con todos y para el bien de todos”.

El documento concluye reafirmando el compromiso de la Iglesia Católica en Cuba de acompañar a la población desde su misión pastoral y social, de seguir sirviendo a los más necesitados y de ofrecer su disposición a contribuir a la reducción de tensiones y a la creación de espacios de colaboración orientados al bien común, si así fuera solicitado. Finalmente, los obispos encomiendan el futuro del país a la Virgen de la Caridad, pidiendo sensatez, paz y dignidad para todos los cubanos.

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