El rechazo a una paciente con un cuadro de convulsiones graves en el Hospital Militar de La Habana provocó indignación entre usuarios de redes sociales y profesionales de la salud. Familiares de la mujer denunciaron que, pese a la urgencia clínica, el personal del centro se negó a admitirla y argumentó que la institución se encontraba bajo un protocolo excepcional de alerta máxima, identificado verbalmente como “fase de guerra”.
La paciente había sido trasladada desde su comunidad en la capital con crisis repetidas que exigían evaluación neurológica inmediata, estudios diagnósticos y observación especializada. Los acompañantes explicaron que acudieron al hospital buscando un ingreso que permitiera estabilizarla y determinar las causas del problema, aún desconocidas. Sin embargo, al llegar al área de admisión recibieron una negativa sin que se formalizara un documento médico que respaldara la decisión.
El episodio se conoció a partir de declaraciones públicas del periodista José Luis Tan Estrada, quien relató en su página de Facebook que los familiares quedaron sin opciones. Según esa versión, la mujer no fue derivada a otro hospital, tampoco recibió tratamiento de emergencia para contener las crisis y terminó regresando a su vivienda en condiciones de riesgo. Especialistas consultados por este medio consideran que un centro asistencial, incluso ante contingencias internas, debe garantizar la continuidad de la atención y un traslado seguro.
El argumento empleado generó dudas porque no existe un conflicto armado declarado que modifique las obligaciones del sistema sanitario con la población civil. Diversas voces señalaron que la explicación parece responder más a carencias de recursos médicos y de capacidad hospitalaria que a razones clínicas. El caso reavivó el debate sobre la separación entre la red militar y los servicios públicos de salud en La Habana, así como sobre los criterios para aceptar pacientes en situaciones críticas.
Profesionales recordaron que las convulsiones severas requieren intervención rápida para evitar daños irreversibles. La ausencia de una remisión formal y de medidas para estabilizarla es valorada como el aspecto más delicado del suceso. Para muchos ciudadanos, este tipo de respuestas administrativas reflejan un problema de deshumanización asistencialy una pérdida de confianza en las instituciones.
Hasta el momento no se conocía un pronunciamiento oficial del Ministerio de Salud ni de la dirección del hospital. CubaHerald investiga nuevos testimonios para reconstruir lo ocurrido y determinar si se trata de un hecho aislado o de una práctica extendida. Los familiares de la paciente y la comunidad médica reclaman explicaciones transparentes y un protocolo que coloque la vida del enfermo en el centro de cualquier decisión.
Imagen CubitaNow / Con Información de José Luis Tan Estrada en Facebook
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