Las autoridades del municipio Minas, en la provincia de Camagüey, anunciaron la detención de tres ciudadanos vinculados al hurto de ganado, un delito que en los últimos años ha dejado de ser un fenómeno aislado para convertirse en una señal estructural de la crisis que atraviesa el país. La captura se produjo con apoyo de pobladores locales, según informó la Policía Nacional Revolucionaria, destacando la importancia de la colaboración vecinal ante la incapacidad del Estado de garantizar vigilancia constante en zonas rurales.
Aunque los discursos oficiales reiteran la consigna de “tolerancia cero” frente a las ilegalidades, el aumento del robo de reses refleja una realidad mucho más profunda: cuando la necesidad sobrepasa los límites, la supervivencia empuja a muchos a la ilegalidad. La producción agropecuaria se encuentra deprimida, el acceso a alimentos continúa siendo crítico, y numerosos productores denuncian que trabajan a pérdidas ante la falta de insumos y la inexistencia de incentivos reales para sembrar o criar animales.
En este escenario, lo ocurrido en Minas puede leerse como una muestra de agotamiento social. Para campesinos y cooperativas, perder una vaca significa perder meses de trabajo e ingresos; para quienes delinquen, representa una vía —aunque ilegal— para acceder a un producto que difícilmente llega a la mesa de la población. La economía de emergencia que se vive en la isla, con precios desorbitados y salarios devaluados, no solo genera más víctimas, sino también más actores desesperados.
Mientras desde espacios digitales como “Verdades a través del Móvil” se insiste en denunciar y reportar cualquier actividad sospechosa al número 106, crecen voces que demandan algo más profundo que operativos policiales: una política económica coherente, reformas reales que impulsen la producción local y un sistema de distribución que garantice que el alimento llegue a quien lo necesita.
El caso permanece bajo investigación y aún no se conocen detalles sobre procesos o sanciones. Pero lo evidente es que, en la Cuba de hoy, el hurto de ganado no es simplemente un delito: es un termómetro del hambre, el abandono del campo, la falta de perspectivas y la fractura entre las urgencias de la población y las respuestas de las instituciones.
Imagen: Facebook Verdades a través del Móvil
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