El Banco Central de Cuba (BCC) informó que avanza en la creación de un mercado cambiario oficial “ordenado, transparente y funcional”, un esfuerzo que pretende recuperar el control sobre el tipo de cambio y disminuir la influencia del dólar informal. El anuncio llega en un contexto marcado por fuertes desequilibrios económicos que, irónicamente, se profundizaron tras la llamada “Tarea de Ordenamiento”, una reforma que, para muchos ciudadanos, terminó por convertirse en un desordenamiento de la economía nacional.
Enmarcado dentro de las transformaciones que el Gobierno presenta como modernización del modelo económico, el BCC reiteró que la referencia del mercado informal —especialmente la tasa difundida por El Toque, criticada con insistencia por las autoridades— ha generado distorsiones en precios y expectativas. No obstante, para buena parte de la población y del sector privado, la razón principal por la que la tasa informal se convirtió en guía fue precisamente la pérdida de credibilidad del tipo de cambio oficial tras las medidas adoptadas en los últimos años.
Ian Pedro Carbonell Karell, director de Políticas Macroeconómicas del BCC, insistió en que la tasa informal “no refleja operaciones verificables” y la calificó como un mercado “ineficiente y opaco”. Sin embargo, la realidad es que, ante la falta de un mercado formal funcional y la creciente depreciación del peso tras la reforma monetaria, los actores económicos no tuvieron otra referencia viable que acudir a ese indicador no oficial.
El funcionario reconoció que la población termina guiándose por la tasa informal porque es allí donde ven un reflejo más cercano a sus transacciones cotidianas. “Si las personas confían en esa tasa, toman decisiones en torno a ella”, señaló, aunque el origen de esa desconfianza hacia el sistema estatal radica en la incapacidad del propio mercado oficial para responder a las necesidades reales de oferta y demanda.
El BCC sostiene que un nuevo mercado cambiario es crucial para la fase de estabilización macroeconómica, especialmente en un país con una fuerte dependencia importadora. Según su visión, un sistema confiable podría mejorar la convertibilidad del peso, reducir la fragmentación de mercados y enfrentar prácticas especulativas que se expandieron tras la reforma de 2021, aquella que prometía orden pero dejó una estela de inflación, escasez y depreciación.
Carbonell afirmó que hoy existen condiciones “más favorables” que en años anteriores para avanzar, citando una reducción del déficit fiscal y una mejor gestión del Presupuesto del Estado. Sin embargo, muchos expertos recuerdan que la actual situación es consecuencia directa de decisiones previas que deformaron el funcionamiento monetario y que ahora el país intenta corregir a contrarreloj.
Mientras tanto, el Banco Central asegura que desarrolla las capacidades tecnológicas, normativas y operativas para sostener el nuevo mercado, aunque persisten dudas fundamentales: ¿cuál será la futura tasa oficial?, ¿cómo participará el sector privado?, ¿tendrán acceso real los ciudadanos?, ¿y cómo evitar que este nuevo esquema reproduzca los errores del pasado?
En medio de un escenario económico frágil, la población observa con cautela —y no poca ironía— cómo las autoridades buscan “ordenar” lo que antes se proclamó como un ordenamiento, pero que terminó desatando uno de los períodos más difíciles para el peso cubano.
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