Entre los múltiples esfuerzos por recuperar el servicio eléctrico en el oriente cubano, una imagen captada hoy en Mayarí ha trascendido por encima de la rutina de apagones y averías que marcan la vida diaria en Cuba. Se trata de un liniero cuyo nombre no pudo ser identificado, pero cuya determinación ha llamado la atención de los vecinos y se ha convertido en un gesto que resume la resistencia silenciosa de quienes trabajan en condiciones extremas.
Según testigos, este trabajador caminó más de un kilómetro con un pesado aislante sobre los hombros, avanzando entre el lodo y los charcos mientras se abría paso hacia una avería ubicada en un tramo de difícil acceso de la línea asociada a la subestación de Arroyo, entre los arroyos El Palo y La Ceiba. Pasó rápido, serio, sin perder tiempo en palabras. Solo siguió adelante, enfocado en su tarea: devolver la luz a los hogares de un territorio castigado.
Quienes lo vieron destacan que ni las condiciones del terreno, ni la magnitud del esfuerzo físico, ni la larga jornada previa lo detuvieron. “Venía exhausto, pero no se detuvo ni un segundo”, comentaron residentes que colaboraron después en la maniobra para completar el enlace eléctrico en esa zona.
Su labor se desarrolla en uno de los municipios más complejos del país en materia energética. Mayarí cuenta con más de 1.200 kilómetros de líneas, una geografía marcada por bosques densos y un 57 % de territorio montañoso, lo que obliga a los linieros a caminar largas distancias cargando herramientas pesadas, muchas veces sin acceso a vehículos debido al estado del terreno.
A ello se suma el contexto nacional: una crisis energética profunda que ha dejado al sistema eléctrico con poca capacidad de respuesta, redes deterioradas y escasez de recursos. Aunque desde el 8 de noviembre se han enviado refuerzos, y ya más de 26.000 clientes han recuperado el servicio, miles de familias —especialmente en comunidades montañosas— continúan sin electricidad.
Las brigadas priorizan ahora restablecer los servicios generales, mientras quedan por resolver acometidas individuales y transformadores averiados en zonas remotas, un proceso que seguirá tomando tiempo.
En medio de ese escenario, la figura de este liniero anónimo se vuelve representativa: es el rostro de quienes, pese al cansancio, la precariedad material y el desgaste acumulado, mantienen en pie la estructura eléctrica del país. Su caminata solitaria, cargando un aislante entre el barro, es una imagen que refleja tanto la magnitud del desafío como la voluntad de quienes no se rinden.
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