La salida de Estados Unidos de Richard Tur de la Concepción amenaza con convertirse en otro acto de propaganda oficial. El Gobierno cubano suele recibir con honores a sus diplomáticos expulsados, aunque esta vez el funcionario se marcha acusado de intentar agredir a un miembro de la delegación estadounidense en la ONU.
El primer secretario de la misión cubana ante Naciones Unidas tuvo que salir del país después de que el secretario de Estado, Marco Rubio, firmara su expulsión. El embajador Mike Waltz lo acusó de empujar e intentar agredir a uno de sus colaboradores durante el tenso debate sobre el embargo en la Asamblea General. Poco después, el Departamento de Estado confirmó que el diplomático ya no estaba en territorio estadounidense.
Las imágenes del incidente muestran al funcionario cubano apartando de un manotazo el teléfono de J. P. Freire, portavoz de Waltz, que grababa el enfrentamiento a corta distancia. Según la versión estadounidense, antes había presionado al personal de la ONU para que cortara los micrófonos de la delegación de Washington.


La respuesta de La Habana no fue explicar la conducta de su diplomático, sino culpar a quien lo grababa. En una carta al secretario general de la ONU, António Guterres, la misión cubana acusó a Freire de acosar y perseguir a su delegado para provocarlo y dañar la imagen de Cuba. No hubo una sola palabra de autocrítica sobre lo que muestran las imágenes.
En redes sociales ya circulan versiones de que el oficialismo prepara un recibimiento para el funcionario. Hasta ahora no hay confirmación oficial. Pero la Cancillería tiene un guion conocido: en agosto, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla encabezó en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores un acto de bienvenida para los diez diplomáticos expulsados de República Dominicana, a los que la propaganda oficial llamó «dignos diplomáticos».
El antecedente más llamativo es el del exvicecónsul José Imperatori, expulsado de Estados Unidos en el año 2000 acusado de espionaje. Fidel Castro lo recibió al pie de la escalerilla del avión, lo llamó «héroe» y lo abrazó ante las cámaras de televisión.
La diferencia esta vez es evidente. Tur de la Concepción no fue expulsado en una disputa diplomática abstracta, sino tras un altercado físico grabado en video en el salón principal de Naciones Unidas. Gracias a la inmunidad diplomática, nunca enfrentará un proceso judicial por lo ocurrido. La expulsión es la única consecuencia posible, y La Habana podría convertirla en un mérito.
El funcionario trabajó en la Dirección de Asuntos Multilaterales y Derecho Internacional de la Cancillería, donde llevó temas de derechos humanos. Llegó a Nueva York en 2021 y fue ascendido a primer secretario en 2024. Familiares y excolegas que hablaron de forma anónima lo vinculan a los servicios de inteligencia, aunque no se ha presentado ninguna prueba documental que lo confirme.
El escándalo coincidió con un revés para la diplomacia cubana. Un día después del altercado, la resolución contra el embargo obtuvo 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones, muy lejos de los 165 apoyos que logró el año pasado.
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