LA HABANA, CUBA. — Los «mercados de barrio», con los que el Gobierno cubano prometió ofrecer alimentos y productos de aseo más baratos, siguen sin dar rebajas que se noten. El propio Ministerio de Comercio Interior (MINCIN) reconoció este fin de semana que los descuentos todavía no dejan satisfechos a los consumidores, aunque defiende que estos establecimientos tienen un «valor humanista y comunitario».
La iniciativa se basa en la Resolución 16/2026, vigente desde el 11 de agosto. Permite que mipymes, cooperativas y trabajadores por cuenta propia administren locales del Estado, muchos de ellos antiguas bodegas. A cambio, reciben exenciones de impuestos y no pagan alquiler durante dos o tres años, con el compromiso de vender unos 20 productos básicos alrededor de un 15 % más baratos que en otros comercios.
Al principio, las autoridades prometieron rebajas de entre el 15 % y el 30 %. Ahora la meta oficial es de entre el 10 % y el 15 %. Según el MINCIN, ya funcionan 37 mercados de barrio en nueve provincias.


En la práctica, los precios siguen siendo altísimos. En el mercado de la calle Ermita, en La Habana, el kilo de arroz cuesta 900 pesos, el de frijoles negros 950 y el paquete de café de 250 gramos 2.600, según comprobó 14ymedio. En Media Luna, Granma, una lista de 22 productos básicos sumaba 12.740 pesos, casi cuatro veces el salario mínimo, que es de 3.210 pesos al mes.
Hasta los lectores de Cubadebate, el principal sitio oficial de noticias, se han quejado. Al responder una encuesta del propio medio, muchos dijeron que los precios son iguales o más altos que en las mipymes cercanas. Un lector contó que el arroz de un mercado de barrio costaba 850 pesos el kilo, mientras que en una mipyme cerca de su casa lo vendían a 800.
Quienes administran estos mercados explican que les cuesta pagar a los proveedores mayoristas, sobre todo a los extranjeros, que exigen efectivo o dólares. También culpan a la subida del dólar en el mercado informal. El propio sitio del MINCIN cita a un jubilado que dice que los productos son «menos caros, no asequibles», y siguen estando muy por encima de lo que gana un trabajador del Estado o un pensionado.
La iniciativa muestra un problema que el Gobierno no ha logrado resolver: no basta con cambiarle el nombre a una bodega ni con quitar impuestos si los salarios y las pensiones no alcanzan para comprar lo básico. Mientras la inflación siga subiendo y la producción nacional no se recupere, los descuentos anunciados apenas alivian el gasto de las familias.
Fuentes: Ministerio de Comercio Interior; Granma; 14ymedio; Cubadebate; Periódico Victoria; Radio 26.
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